Por la guerra en Medio Oriente los mercados volvieron a sufrir un cimbronazo durante el inicio de la semana. El barril de petróleo subió 30 % y los inversores temen que siga escalando.
Las bolsas europeas abrieron con fuertes caídas la jornada del lunes. En los primeros intercambios, París retrocedía un 2,59%, Fráncfort un 2,47%, Londres un 1,57%, Madrid un 2,87% y Milán un 2,71%. Las bolsas asiáticas también lo sufrieron y cerraron con bajas de casi 6% en Seúl, entre las más afectadas, que incluso debió ser apagada por algunos minutos para calmar el pánico.
El dato más sensible pasó por el mercado energético. El barril de crudo West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, llegó a trepar hasta los 119,48 dólares, aunque luego moderó parte de esa suba. El Brent del Mar del Norte, referencia para Europa, también superó brevemente los 119 dólares. En paralelo, el gas natural en Europa saltó 30% en los contratos de futuros del TTF neerlandés.
La reacción de los mercados no fue aislada. El nuevo salto del petróleo se combinó con fuertes bajas bursátiles en Asia y Europa, una mayor búsqueda de refugio en el dólar y renovados temores por una nueva ola inflacionaria a escala global. El conflicto, que ya entró en su segunda semana sin señales concretas de tregua, empieza a ser leído por los operadores como un factor con capacidad de alterar precios, cadenas de suministro y expectativas de crecimiento.
El impacto se hizo sentir primero en Asia. La Bolsa de Seúl, una de las que mejor venía performando en lo que va del año gracias al empuje de las tecnológicas, cerró con una caída de 5,96%. Tokio perdió 5,2% y también se registraron bajas relevantes en Hong Kong, Shanghái, Taipéi, Sídney, Singapur, Manila y Wellington.
Europa abrió en la misma sintonía. En los primeros intercambios, París retrocedía 2,59%, Fráncfort 2,47%, Londres 1,57%, Madrid 2,87% y Milán 2,71%. En Estados Unidos, los futuros de Wall Street ya habían anticipado el deterioro la semana pasada, con bajas superiores al 2% en los tres principales índices.
En ese contexto, el dólar volvió a fortalecerse por su condición de activo refugio. Cada vez que un shock geopolítico amenaza con alterar la normalidad del comercio global o tensionar los precios de la energía, los inversores tienden a desarmar posiciones de riesgo y refugiarse en liquidez, bonos del Tesoro y moneda estadounidense.
Según alertan los analistas internacionales, la combinación de acciones en baja, dólar firme y commodities energéticos en alza configura uno de los escenarios más incómodos para la economía global: menos apetito por riesgo, mayor presión sobre costos y dudas sobre la trayectoria de la inflación.
Del petróleo a toda la cadena de valor
La suba del crudo tiene un trasfondo concreto. En los últimos días se reportaron ataques contra campos petrolíferos en el sur de Irak y en la región autónoma kurda del norte iraquí, lo que obligó a reducir la producción. Al mismo tiempo, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait también recortaron su bombeo en medio de ataques iraníes sobre sus territorios.
A eso se suma un elemento central para el equilibrio energético global: la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y del gas que se consume en el mundo. Con ese cuello de botella prácticamente paralizado desde el inicio del conflicto, el mercado empezó a poner precio a un escenario de escasez o, al menos, de severa disrupción logística.
Por eso los países del G7 ya estudian recurrir de manera coordinada a sus reservas estratégicas de petróleo para intentar contener la escalada. La opción será discutida por ministros de Finanzas del grupo, mientras la Agencia Internacional de la Energía mantiene la exigencia de que sus miembros conserven reservas equivalentes a 90 días de importaciones.
La preocupación de fondo es que el encarecimiento de la energía no quede limitado al mercado petrolero, sino que termine filtrándose al resto de la economía. Transporte, producción industrial, alimentos, logística y tarifas son algunos de los canales por los que un barril por encima de los 100 dólares puede trasladarse rápidamente a precios.



