Rusia podría perder su lugar como “el granero del mundo”

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Los impuestos a la exportación pueden hacer peligrar el puesto del país euroasiático como superpotencia del cereal.

De mayor importador de grano en la época de la Unión Soviética al mayor exportador a nivel global. Tras años de planes de desarrollo estratégico, Rusia se ha convertido en el granero del mundo. Sin embargo, en un momento en el que los precios del trigo están en alza desde EE UU hasta Francia por los efectos de las sequías, heladas y lluvias en las cosechas, el país euroasiático podría perder su posición como superpotencia del trigo. Al menor rendimiento agrícola de Rusia, este año se suma un impuesto a la exportación flotante al trigo y otras tasas a los fertilizantes que el Gobierno ha decretado para tratar de desacelerar las ventas en el exterior y contener en casa la inflación de productos básicos, como el pan, que está agujereando los bolsillos de la ciudadanía.

Rusia representa una cuarta parte de las exportaciones mundiales de grano. Es el primer proveedor de Turquía, Azerbaiyán y Egipto. Y en un contexto de mercados muy ajustados hay quien ve las últimas medidas del Gobierno para enfriar la inflación —y que desencadenaron otro aumento de los precios a nivel global— como una piedra en la rueda del molino, que en realidad no tendrá un efecto grande en los precios de los productos y que supondrá además un gran perjuicio para los agricultores, que podrían perder entre el 15% y el 30% de sus ingresos. Otros, sin embargo, creen que las últimas medidas no perjudicarán seriamente las exportaciones de Moscú; o al menos, a la larga, su flujo de ingresos.

Con una economía sacudida por las sanciones impuestas en 2014 por la anexión de la península ucrania de Crimea, el trigo y otros cereales se han convertido en una rica fuente de capital extranjero para Rusia. La devaluación del rublo engrasó los envíos y las contra-sanciones impuestas por el Kremlin a muchos productos occidentales han hecho, además, que aumente el desarrollo de los productores nacionales y de su industria agrícola, en la que algunos, como Serguéi Zainulin, profesor de la Universidad RUDN, ven una buena oportunidad para diversificar su economía, muy centrada aún en los hidrocarburos.

En 2017, después de tres años de sanciones y contra-sanciones, Rusia se convirtió en el principal exportador de trigo del mundo, por encima de EE UU y Canadá, con el récord de 135,5 millones de toneladas de cereales. Las últimas estimaciones para la cosecha de este año son, sin embargo, de 127 millones de toneladas, según datos de la viceministra de Agricultura, Oksana Lut. Y si las cifras a la baja se mantienen, la UE pasará a ocupar entonces el primer lugar como exportador, según las estimaciones del departamento de Agricultura de EE UU.

La agricultura rusa ha dado un gran salto cualitativo en los últimos 30 años. El presidente ruso, Vladímir Putin, aprendió muy bien la lección de los tiempos soviéticos, en los que Rusia había sido un importador neto de grano, y llegó a recibir de Occidente 55 millones de toneladas de grano. En el 2000, cuando Putin llegó al poder, Rusia aún importaba el 50% de sus alimentos. El líder ruso lanzó entonces un programa de desarrollo agrícola que incluía la meta de alcanzar la autosuficiencia en productos clave. Y sus envíos de grano y otros alimentos se han convertido también en un instrumento de “poder blando”, influencia y diplomacia de Rusia como superpotencia agraria, dice Eduard Zernin, de la Unión de Exportadores de Cereales de Rusia.

Pese a los esfuerzos, la agricultura representa solo el 4% del PIB de Rusia, en comparación con el 15% del petróleo y del gas. Así que es difícil que el grano se convierta en el nuevo petróleo, como algunos preveían hace unos años. El efecto este año del calentamiento global en las cosechas rusas ha sido sustancial. Sin embargo, en su tradicional enfoque pragmático ante el cambio climático, Moscú también ve alguna oportunidad. “El derretimiento del permafrost también puede abrir nuevas fronteras para una mayor explotación agrícola”, dice el profesor de Economía Zainulin, “sobre todo en la parte norte de Siberia”. Esto, asegura, haría el territorio apto para la agricultura y compensaría en parte las sequías del sur.

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