Preocupa que la llegada masiva de carne de cerdo importada, principalmente desde Brasil, ponga en riesgo la estabilidad económica de los productores porcinos argentinos y la salud de los consumidores.
La reciente decisión del gobierno nacional de abrir las importaciones de alimentos, en particular la carne de cerdo, suscitó preocupación en el sector productivo nacional. La Asociación Agrícola de La Pampa (AAGLP), en sintonía con la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), expresó su rechazo a esta medida, advirtiendo sobre las consecuencias adversas que podría acarrear para los productores locales.
En un comunicado reciente, Carbap alertó sobre el riesgo de competencia desleal que podría surgir como resultado de esta apertura de importaciones. Principalmente, se teme que la entrada masiva de carne de cerdo importada, especialmente desde Brasil, ponga en peligro la viabilidad económica de los productores porcinos argentinos y afecte negativamente a la industria nacional en su conjunto.
Una cuestión de salud
Otra preocupación destacada en el comunicado es el uso de un promotor de crecimiento llamado “Ractopamina” en la producción porcina de Brasil, el cual está prohibido en Argentina y en otros 160 países, incluyendo mercados clave como la Unión Europea, China y Rusia. Según dicen, esta discrepancia en los estándares de producción plantea riesgos no solo en términos de competencia internacional, sino también en términos de salud pública, ya que existen incertidumbres sobre las posibles consecuencias de consumir carne tratada con este aditivo.
En el documento, aseguran que en Argentina existen “prácticas de producción responsables que priorizan no solamente a los animales, sino también a los consumidores, a través del cuidado de la calidad de la carne tanto en el país como en el extranjero, ofreciendo productos de la más alta calidad y cumpliendo con los estándares más exigentes”.
Por su parte, el presidente de AAGLP, Ignacio de la Iglesia, señaló en una entrevista a un medio local: “Hay que tener cuidado ante la apertura de importaciones, teniendo en cuenta la economía que estamos viviendo hoy. Por otro lado, tener en cuenta que esas políticas tienen que ir tendientes a producir más, pero también para proteger al consumidor”.
En relación al uso de la Ractopamina en la producción brasileña, el dirigente expresó: “Argentina y otros países no la aceptan porque no está clara cuál es la consecuencia que traería, pero en definitiva hay otros estudios que manifiestan que sería perjudicial para la salud. Por lo tanto, ingresar este tipo productos, si vinieran de Brasil, podría generar esa situación”.
En cuanto a los pasos a seguir, De La Iglesia enfatizó la necesidad de revisar la carga impositiva y los costos de producción en Argentina para fomentar una producción de mayor excelencia. Asimismo, hizo hincapié en la importancia de implementar medidas que garanticen condiciones equitativas para todos los actores de la cadena porcina y protejan la economía regional:
“Si uno se pone a pensar, en líneas generales, la mayoría de las producciones primarias, entre el 60 y 70 % son impuestos y costos de producción. El resto es la rentabilidad que tendría (…). Lo que deberíamos es pensar en una producción donde se saque cargas impositivas, reevaluar el costo que tiene y, a partir de ahí, empezar a pensar en una producción de mayor excelencia”. Y finalizó: “La importación debería ser con requisitos que no generen un impacto en el productor“.
Ante este panorama, tanto AAGLP como Carbap instan a las autoridades a tomar medidas que promuevan un “mercado justo y transparente”, evitando “prácticas desleales” y asegurando la protección de los productores locales y la salud de los consumidores.



