La industria argentina de legumbres, que incluye cultivos clave como arvejas, garbanzos, lentejas y porotos, se encuentra en una encrucijada estratégica. El sector, que actualmente aporta un promedio de 500 millones de dólares anuales y representa el 3,5 % del mercado mundial, proyecta un futuro de crecimiento impulsado por la tendencia global de la proteína vegetal. Sin embargo, la ruta no está exenta de obstáculos.
“Debemos enfrentar la inestabilidad de precios, el impacto climático y la competencia, por lo cual se requiere una visión a diez años que busque consolidar a Argentina como proveedor global de alta calidad”, dijo Jorge Reynier, presidente de Cámara de Legumbres de la República Argentina (Clera).
Para la campaña 2025/2026 se proyecta una inversión de 525 millones de dólares en rubros esenciales como arrendamiento, labores, semillas y fitosanitarios.
“De todos modos, para proteger este capital se necesitan condiciones claras, ya que la protección de la inversión requiere políticas estables, la reducción del denominado costo argentino y un marco regulatorio claro”, agregó.

Por su parte, el presidente Gustavo Idígoras, titular del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), destacó que es imperativo que la estrategia del sector se eleve a un nivel superior. “Está necesidad de que la estrategia agroindustrial se convierta en una política de Estado que sea federal, innovadora y sustentable”, sostuvo.
Idígoras también resaltó una ventaja fundamental para la cadena: “El sector de legumbres ya tiene la ventaja de no poseer retenciones”.
En tal sentido, el CAA promueve tres líneas legislativas cruciales para toda la agroindustria:
—La ley de inversión agroindustrial, destinada a fomentar la inversión mediante beneficios como devolución de IVA y amortización acelerada, sin recurrir a subsidios.
—La ley de reaseguro agroclimático, considerada muy necesaria ante la falta de seguros accesibles contra un riesgo que ha afectado fuertemente las cosechas.
—Una nueva ley de biocombustibles que permita generar un gasoil competitivo y renovable, ya que la normativa actual no es bien vista por el CAA (debido a las intervenciones en precio y volumen).
Sustentabilidad: de barrera a oportunidad competitiva
La sostenibilidad es identificada como una palanca clave para el futuro. Así entonces, Sabine Pependieck, socia gerente de Estrateco Consultores, instó al sector a cambiar su percepción sobre las exigencias globales.
“Insto a la cadena de legumbres a ver los nuevos requerimientos globales no como barreras, sino como una oportunidad para valorizar sus buenas prácticas”, dijo, al tiempo que Pependieck subrayó la ventaja intrínseca de los cultivos argentinos.
“Las leguminosas poseen un muy bajo impacto ambiental, gracias a su capacidad para capturar nitrógeno y su eficiencia hídrica”, dijo Pependieck.
Además, la Argentina cuenta con una ventaja competitiva que debe ser valorizada en los mercados. La especialista sugirió diferenciar el producto dividiendo las categorías de impacto ambiental en función de las proteínas aportadas, una estrategia similar a la adoptada por la industria láctea.
En el futuro, el sector deberá asegurar su participación en cadenas de suministros con riesgo despreciable, especialmente ante el aumento de la presión regulatoria que impacta en el Scope 3 (NdR: emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) indirectas que ocurren en la cadena de valor de una empresa, pero que no están bajo su control directo).
El camino a seguir, según la industria, es claro: aumentar la industrialización (como harinas y proteínas) e impulsar la sostenibilidad para asegurar el rol de la Argentina como proveedor global de legumbres de alta calidad.