Bahía Blanca: precisiones de una inversión que promete convertir al puerto en un polo del girasol y otros cultivos alternativos

A un costo de U$S 400 M, la planta de procesamientos de LDC tardará poco más de 2 años en construirse y prevé comenzar a procesar en marzo de 2029.
El proyecto, ubicado en Ingeniero White, responde a una necesidad mundial de mayor producción de oleaginosas.

“Hoy vemos una oportunidad clara: el mundo demanda más oleaginosas y aceites, y Bahía Blanca cuenta con un puerto excelente de aguas profundas. Creemos que es el momento de avanzar con este proyecto que tendrá un impacto muy positivo en toda la región”.

Lo dijo Luis Zubizarreta, director de Asuntos Públicos de Louis Dreyfus Company, respecto de la construcción de la planta que insumirá unos 400 millones de dólares, que tardará poco más de dos años en empezar a construirse y que comenzará con el procesamiento de cultivos en marzo de 2029.

El directivo, quien llegó a Bahía Blanca junto a Juan Tizado, gerente de Originación de Sudamérica de la firma y el gerente comercial local Fernando Souza, para una presentación en una reunión de Zona VII de Carbap realizada en la sede de la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Bahía Blanca (AGA) de Colón 332, fue más allá: “De hecho, nuestro objetivo es construir la fábrica de girasol más grande del mundo”.

Los puntos clave de esta denominación para la planta se basa en los siguientes ítems:

—Potencial de la región: la zona del sur y oeste de la provincia de Buenos Aires y la provincia de La Pampa es altamente productora de girasol. LDC busca aprovechar esta cercanía para procesar la materia prima localmente, evitando las ineficiencias de costos que implicaba trasladar el girasol a zonas de demanda más alejadas.

—Demanda global de aceite: el proyecto responde a una necesidad mundial de mayor producción de oleaginosas y a una demanda de aceite que Zubizarreta califica como “creciente”.

—Operación continua y escala: para que una planta de esta magnitud sea rentable, requiere de una demanda continua y una oferta de materia prima durante todos los días del año.

—Diversificación de cultivos: para sostener este nivel de producción, la firma no solo apuesta al girasol, sino que busca sumar alternativas como la colza, la carinata y la camelina. Estos cultivos de invierno permitirían al productor una doble cosecha y asegurarían que la fábrica cuente con insumos para moler de manera constante.

—Ventaja portuaria: la ubicación en Bahía Blanca es estratégica debido a que cuenta con un puerto de aguas profundas excelente, facilitando la salida de los productos procesados hacia los mercados internacionales.

Luis Zubizarreta (der.), junto a Juan Tizado, Braian Robert (presidente de la AGA), Luis Eizaguirre (representantes de la AGA en Carbap) y Fernando Souza (izq.), en la presentación en la AGA.

Según amplió Zubizarreta, la firma venía planificando este proyecto desde el año 2008, cuando se instaló la terminal portuaria en la localidad, pero diversas circunstancias postergaron la decisión final.

“Hoy vemos una oportunidad clara: el mundo demanda más oleaginosas y aceites, y Bahía Blanca cuenta con un puerto excelente de aguas profundas. Creemos que es el momento de avanzar con este proyecto que tendrá un impacto muy positivo en toda la región”, sostuvo.

Uno de los pilares fundamentales del proyecto es la corrección de una ineficiencia logística histórica en la región del sur y oeste de Buenos Aires, así como en La Pampa. Hasta ahora, parte del girasol de esta zona debía ser trasladado a regiones muy alejadas para su procesamiento, un proceso costoso e ineficiente.

Esta centralización en Bahía Blanca busca evitar esos flujos logísticos innecesarios, dinamizando la economía de la zona y consolidando al puerto como el nodo ideal para centralizar la producción de la región.

La propuesta industrial, además, busca complementar los tradicionales esquemas de cultivos de invierno, como el trigo y la cebada, mediante la introducción y consolidación de alternativas como la colza, la carinata y la camelina. Estos cultivos alternativos permiten que el productor acceda a una doble cosecha, reduzca el tiempo ocioso del suelo y mejore sustancialmente la rotación de la tierra.

Respecto a los temores por malas experiencias previas con este tipo de producciones, Zubizarreta garantizó que la clave de esta nueva etapa estará en la estabilidad de la compra: “El gran problema siempre fue el mercado; es decir, que el productor tuviera a quién venderle. Con nuestra fábrica vamos a asegurar una demanda estable y continua durante todo el año, pagando precios de mercado transparentes”.

Infraestructura y el debate del transporte

El incremento del volumen de carga proyectado plantea desafíos logísticos significativos que, para Zubizarreta, representan oportunidades de crecimiento.

El directivo destacó las posibilidades que ofrece el sistema ferroviario y calificó de “interesante” el proceso de privatización ferroviaria que impulsa el Gobierno nacional.

En cuanto a la red vial, defendió la necesidad de migrar hacia un modelo de administración privado mediante peajes: “A veces lo barato sale caro, y una retribución por el uso garantiza que la infraestructura mejore y el circuito funcione mejor”.

Respaldo de la cadena y el rol de los biocombustibles

La recepción del proyecto por parte de los productores locales ha sido altamente positiva, ya que contar con una demanda industrial constante genera un mercado más líquido y competitivo.

Zubizarreta enfatizó el valor de trabajar de manera integrada con instituciones locales como la Asociación de Ganaderos y Agricultores (AGA) y las Bolsas para afianzar toda la cadena de valor, desde el campo hasta la exportación.

Finalmente, el directivo remarcó que para asegurar el éxito y la prosperidad de estas inversiones a largo plazo resulta indispensable el ordenamiento de la macroeconomía argentina, lo cual demanda un tipo de cambio único y la normalización del esquema impositivo. Esto evitará que el país quede rezagado frente a competidores regionales como Brasil o Paraguay.

Asimismo, Zubizarreta instó a que el Congreso y el Ejecutivo nacional impulsen una legislación moderna de biocombustibles que elimine cupos y precios regulados.

“Si nos convertimos en un productor mundial de biocombustibles, toda la cadena se beneficia porque el productor recibirá mejores precios por su soja, girasol o colza”, concluyó, señalando que la creciente demanda global de aceites para la aviación y el transporte marítimo representa una oportunidad única que la Argentina debe aprovechar sin demoras.