Las expectativas de contratación en sectores no fabriles mejoran hacia fin de año, aunque la actividad de las fábricas sufre la caída de ventas y tiene dificultades para sostener el empleo. Cómo impacta el uso de la inteligencia artificial.
El mercado laboral argentino llega al tramo final de 2026 con señales contrapuestas. Mientras los servicios corporativos, las finanzas, la tecnología y las actividades vinculadas a los recursos naturales muestran una mejora en sus expectativas de contratación, la industria manufacturera enfrenta un escenario de mayor tensión como consecuencia de la debilidad de la demanda interna, el aumento de los costos y la presión de las importaciones.
Los últimos relevamientos de ManpowerGroup, Vistage Argentina y la Unión Industrial Argentina (UIA) muestran un mercado de trabajo que funciona a dos velocidades.
En un sector aparecen señales de estabilización y una mayor disposición a sostener las dotaciones, aunque todavía bajo un criterio de cautela. En el otro, las empresas industriales atraviesan una contracción de ventas y producción que comienza a trasladarse con mayor claridad a sus decisiones sobre el empleo.
Más confianza empresaria, pero todavía con cautela
El Índice de Confianza Empresaria de Vistage Argentina llegó a 94 puntos durante el segundo trimestre de 2026, cinco unidades por encima del período anterior. El dato refleja una mejora en las expectativas, aunque todavía no alcanza para hablar de un cambio de ciclo consolidado.
De hecho, la percepción sobre la situación actual continúa dividida. Mientras una parte de los ejecutivos observa una mejora de la economía, otro grupo similar considera que la situación empeoró.
Las expectativas hacia adelante son más favorables. Más de la mitad de los empresarios consultados espera una mejora de la economía durante los próximos doce meses y una proporción similar proyecta un incremento de sus ventas y de su facturación.
Sin embargo, la rentabilidad aparece como uno de los principales límites para acelerar las decisiones de inversión y empleo. Apenas dos de cada diez ejecutivos esperan una mejora de sus márgenes, mientras que un porcentaje mayor anticipa un deterioro.
Por eso, la estrategia predominante continúa siendo defensiva: preservar las estructuras actuales antes que avanzar con una fuerte ampliación de las dotaciones. El 51% de los empresarios prevé mantener estable su plantilla, mientras que el 26% contempla incorporar personal y el 23% evalúa reducirlo.
Servicios y recursos naturales traccionan las expectativas
El relevamiento de ManpowerGroup también muestra una mejora en las perspectivas de contratación. Para el cuarto trimestre de 2026, la Expectativa Neta de Empleo ajustada por estacionalidad alcanzó el 16%, con una mejora de diez puntos respecto del trimestre anterior.
Pero detrás de ese promedio existe una marcada dispersión sectorial.
Las mejores perspectivas aparecen en Servicios Públicos y Recursos Naturales, con una expectativa neta de empleo del 36%, seguidos por Finanzas y Seguros, con 28%. Construcción y Bienes Raíces y el sector Automotriz registran 25%, mientras que Manufactura alcanza 21% y Tecnología y Servicios de TI, 19%.
El dato industrial, sin embargo, requiere una lectura más cuidadosa. La expectativa positiva de contratación no necesariamente implica una expansión significativa del empleo. En buena medida, responde a empresas que buscan sostener sus dotaciones en un contexto de actividad todavía irregular.
La comparación internacional también muestra el desafío argentino. La expectativa local se ubica por debajo del promedio mundial y queda rezagada frente a economías regionales como Brasil y México.
La industria enfrenta el mayor desafío
La situación cambia cuando se pone el foco sobre la actividad manufacturera orientada al mercado interno.
Una encuesta del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina, realizada entre más de 600 compañías, reflejó un deterioro de la actividad durante julio. La mitad de las empresas relevadas registró una caída de sus ventas internas y más de cuatro de cada diez redujeron su producción.
El impacto fue todavía mayor entre las micro y pequeñas industrias, que presentaron retrocesos más pronunciados tanto en ventas como en producción.
La menor actividad también empieza a afectar el funcionamiento financiero de las compañías. Casi la mitad de las empresas consultadas manifestó haber tenido dificultades para afrontar alguno de sus compromisos habituales, entre ellos salarios, impuestos, proveedores y obligaciones financieras.
A este escenario se suma la presión de los costos energéticos y el aumento de la competencia importada. Para buena parte del entramado industrial, la combinación entre una demanda interna todavía débil y una mayor presencia de productos extranjeros representa un desafío directo para los márgenes.
Seis de cada diez empresas industriales consideran que la competencia desleal tiene un impacto elevado o muy elevado sobre sus negocios.
El empleo industrial, en el centro de la tensión
El deterioro de la producción comienza a trasladarse al mercado laboral. Según el relevamiento de la UIA, apenas el 16,9% de las empresas industriales prevé incorporar operarios o personal técnico durante los próximos doce meses.
En sentido contrario, el 27,5% anticipa una reducción de sus plantillas.
La diferencia con el resto de la economía marca uno de los principales rasgos de la actual coyuntura: mientras algunos sectores empiezan a recuperar expectativas y evalúan sostener o ampliar sus equipos, buena parte de la industria mantiene una postura defensiva.
La evolución del empleo fabril dependerá, en buena medida, de la capacidad de las empresas para recuperar volumen de ventas, recomponer márgenes y enfrentar el nuevo escenario competitivo.
La inteligencia artificial suma otro cambio al mercado laboral
A la transformación sectorial se agrega un fenómeno transversal: el avance de la inteligencia artificial y la automatización.
Las empresas comienzan a utilizar estas herramientas para reemplazar o simplificar tareas administrativas, repetitivas y de soporte, lo que modifica especialmente las oportunidades de ingreso para los trabajadores más jóvenes.
El fenómeno genera una paradoja. Al mismo tiempo que la tecnología puede aumentar la productividad y permitir que las compañías crezcan con estructuras más pequeñas, también reduce algunas de las posiciones que tradicionalmente funcionaban como puerta de entrada al mercado laboral.
Para las empresas, el desafío pasa ahora por encontrar un equilibrio entre eficiencia, incorporación tecnológica y desarrollo de nuevas capacidades laborales.
Así, el mercado de trabajo argentino llega al tramo final del año con señales de recuperación, pero todavía lejos de una mejora homogénea. Los sectores vinculados a servicios, tecnología y recursos naturales muestran mayor dinamismo, mientras que la industria continúa esperando una recuperación más firme de la demanda que le permita volver a expandir producción, inversión y empleo.



