Se registran 27.000 puestos de trabajo perdidos en los últimos 3 años. El deterioro productivo se da en un contexto de mayor ingreso de productos importados terminados, y una demanda deprimida por los bajos ingresos.
La industria textil continúa atravesando un escenario de fuerte contracción. Durante el primer semestre de 2026, la producción del sector registró una caída interanual del 24,4%, muy por encima del retroceso de 2,2% que mostró el conjunto de la industria. La menor actividad también tuvo consecuencias sobre el empleo, la inversión y la cantidad de establecimientos que permanecen operativos.
Los datos corresponden al informe mensual de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), que refleja un deterioro extendido a prácticamente toda la cadena. Desde diciembre de 2023, el sector perdió 26.851 puestos de trabajo formales y dejó de contar con 750 establecimientos vinculados a la actividad textil y de confección.
El panorama se completa con una elevada capacidad productiva sin utilizar. En junio, las fábricas textiles trabajaron al 46,6% de su capacidad instalada, un nivel que quedó 12,5 puntos porcentuales por debajo del promedio de la industria manufacturera.
A la menor demanda interna, condicionada por el bajo nivel de ingresos, se suma el avance de las importaciones de productos terminados. Al mismo tiempo, disminuyeron con fuerza las compras externas de materias primas, hilados y tejidos, modificando la composición del comercio exterior del sector.
Los distintos eslabones de la cadena también registran fuertes bajas
La caída no se concentra exclusivamente en la fabricación de productos terminados, sino que alcanza también a diferentes etapas intermedias de la cadena productiva.
El segmento de tejidos y acabados fue el que registró el mayor retroceso durante el primer semestre, con una disminución del 36,3%. Se trata de una parte fundamental del proceso industrial, ya que comprende tanto la elaboración de telas como los tratamientos necesarios para otorgarles distintas características y terminaciones.
Los hilados de algodón, otro de los principales insumos para la fabricación de tejidos, mostraron una contracción del 21,4%. Por su parte, la producción de otros artículos textiles descendió 18,3%.
La evolución de estos segmentos resulta particularmente relevante porque la reducción de la producción de insumos intermedios también termina afectando a las etapas posteriores de la cadena.
En junio, la actividad textil en su conjunto cayó 15,9% interanual, mientras que el sector de prendas de vestir, cuero y calzado registró una baja del 8,4%. En contraste, la industria manufacturera general mostró una expansión del 2%.
De acuerdo con el relevamiento de FITA, el nivel de actividad del sector permanece entre los más bajos de los últimos tres años y todavía no aparecen señales claras de una recuperación sostenida.
La capacidad instalada permanece muy por debajo de los niveles habituales
La baja producción se tradujo en una utilización cada vez menor de las instalaciones industriales. En junio, las empresas textiles utilizaron apenas el 46,6% de su capacidad disponible.
Si bien el indicador mejoró 4,4 puntos porcentuales respecto de mayo, todavía se ubicó 3,8 puntos por debajo del registro de junio del año anterior. Además, la tendencia de largo plazo muestra un deterioro considerable.
Durante 2023, la utilización de la capacidad instalada se ubicaba generalmente entre el 50% y el 60%. A partir de 2024 comenzó a moverse en niveles de entre 30% y 50%, llegando a valores cercanos al 30% hacia fines de 2025.
La elevada capacidad ociosa también limita la posibilidad de las empresas de trasladar los aumentos de costos a los precios. Con una demanda debilitada y una fuerte competencia, un incremento significativo puede traducirse en una pérdida adicional de ventas.
Esto ayuda a explicar por qué los precios del sector evolucionaron por debajo del nivel general. En julio, las prendas de vestir, el cuero y el calzado registraron una suba interanual del 11,5%, frente al 33,8% del nivel general. En el mercado mayorista, los productos textiles aumentaron 18,4%, mientras que las manufacturas en conjunto lo hicieron 29,5%.
Menos empleo y establecimientos productivos
El retroceso de la actividad también impactó directamente sobre el mercado laboral. En mayo, el conjunto de las industrias textil, de confección, cuero y calzado registró 93.952 empleos formales.
La cifra representa una reducción de 16.244 puestos respecto del mismo mes del año anterior y una pérdida acumulada de 26.851 empleos desde diciembre de 2023. Solamente durante el último mes relevado desaparecieron otros 1.229 puestos de trabajo.
El ajuste también se observa en la cantidad de empresas que continúan activas. En mayo se contabilizaron 1.950 establecimientos textiles y 2.354 vinculados a la confección, 515 menos que un año antes.
Si se toma como punto de partida diciembre de 2023, el sector acumula el cierre de 750 establecimientos. Esto equivale a un promedio de aproximadamente 30 unidades productivas que dejaron de operar por mes durante más de dos años.
Las importaciones cambian de composición
Otro de los factores que condiciona al sector es la evolución del comercio exterior. Entre enero y julio, las importaciones vinculadas con la cadena textil alcanzaron las 181.000 toneladas, por un valor de u$s925 millones. En comparación con el mismo período del año anterior, significó una disminución del 19,7% en volumen y del 8,5% en valor.
Sin embargo, detrás de la caída global aparece un cambio significativo en el tipo de productos que ingresan al país. Las importaciones de materias primas retrocedieron 26,7%, mientras que las compras de hilados disminuyeron 45,2% y las de tejidos planos 52,2%.
En cambio, las prendas terminadas registraron un incremento del 60,1% y las confecciones avanzaron 25,8%.
De esta manera, el comercio exterior muestra una mayor participación de productos que llegan al país ya elaborados, mientras disminuye el ingreso de insumos destinados a ser procesados por la industria nacional. Para FITA, este cambio constituye uno de los elementos relevantes para comprender la situación actual del sector, aunque los datos no permiten atribuir exclusivamente a las importaciones la caída de la producción local.
Las exportaciones, por su parte, mostraron una evolución positiva entre enero y julio: crecieron 61% en dólares y 51,1% en volumen. Sin embargo, el resultado fue desigual dentro de la cadena.
El principal impulso provino de los hilados, cuyas exportaciones aumentaron 248,7%. En cambio, las ventas externas de confecciones disminuyeron 36,1%, las de prendas cayeron 6,6% y las correspondientes a otros productos textiles retrocedieron 40,8%.
Así, pese a la mejora de las exportaciones, el desempeño todavía no alcanza para revertir el deterioro que atraviesa buena parte de la cadena textil argentina.



