La economía argentina tiene dos realidades, según indicó el último informe del IAE Business School. Mientras crece el superávit de la balanza comercial y hay grandes proyectos en marcha, el empleo asalariado cae y la inversión real se redujo drásticamente.
La economía argentina atraviesa una etapa marcada por fuertes contrastes. Mientras algunos indicadores macroeconómicos muestran una evolución favorable, como la mejora del resultado comercial y la desaceleración de la inflación, la actividad productiva todavía enfrenta dificultades para traducir esa estabilidad en mayor inversión, empleo formal y crecimiento sostenido.
El diagnóstico surge del último Informe Económico Mensual (IEM) del IAE Business School de la Universidad Austral, que advierte sobre una recuperación que presenta características muy diferentes según el sector que se observe.
Por un lado, el frente externo mantiene un desempeño positivo. Las exportaciones se ubican cerca de los 9.000 millones de dólares mensuales y el superávit comercial supera los 2.000 millones de dólares por mes. En paralelo, el Banco Central acumula compras de divisas durante el año.
Sin embargo, en los mercados financieros comenzaron a aparecer nuevamente señales de cautela. El riesgo país volvió a superar los 500 puntos básicos y las tasas de corto plazo aumentaron, mientras que la proximidad del calendario electoral introduce un nuevo factor de incertidumbre.
El empleo, una de las mayores preocupaciones
Uno de los principales interrogantes es por qué la recuperación de la actividad no genera una expansión equivalente del empleo asalariado privado registrado.
El informe señala que distintos factores contribuyen a explicar esta situación. Entre ellos aparecen un tipo de cambio que dificulta determinadas actividades, la mayor apertura de las importaciones, las tasas de interés reales elevadas y una política fiscal restrictiva, elementos que reducen los incentivos para incorporar trabajadores en el corto plazo.
Además, el crecimiento está concentrándose en sectores como la energía y la minería, que requieren grandes volúmenes de capital pero tienen una menor capacidad de generar puestos de trabajo directos.
El verdadero impacto sobre el empleo podría producirse a través de las cadenas de proveedores. En actividades como el petróleo, por ejemplo, los puestos generados indirectamente pueden multiplicar varias veces la cantidad de empleos directos.
A este escenario se suma otro fenómeno: la incorporación creciente de inteligencia artificial en determinadas actividades de servicios, que comienza a modificar los perfiles laborales y a reducir la demanda de algunas tareas correspondientes a puestos iniciales o junior.
El contraste entre el RIGI y la inversión productiva
Uno de los datos más llamativos del informe aparece en materia de inversión. A pesar de la cantidad de proyectos anunciados y aprobados dentro del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), la formación bruta de capital fijo registró una caída interanual del 11,6% durante el primer trimestre.
La inversión pasó de representar aproximadamente el 20% del PBI al 17,2%. La principal explicación se encuentra en el fuerte retroceso del gasto destinado a maquinaria y equipamiento productivo.
Mientras la inversión en construcción mostró un incremento del 2,2%, la correspondiente a maquinaria y equipos disminuyó un 18,1%. Este último componente explica alrededor del 76% de la caída total de la inversión.
La situación plantea una paradoja: Argentina registra un volumen récord de proyectos vinculados al RIGI, pero eso todavía no se traduce en un incremento generalizado de la inversión productiva.
Además, según el informe, cerca del 95% de los proyectos incluidos en el régimen están concentrados en los sectores de minería e hidrocarburos. Los desembolsos previstos para los primeros dos años alcanzarían unos 960 millones de dólares anuales, una cifra que representa menos del 1% de la inversión total anual del país.
Esto significa que, aunque el RIGI puede convertirse en un instrumento importante para atraer capital hacia sectores estratégicos, su impacto sobre el conjunto de la economía dependerá de que esos proyectos logren generar efectos de arrastre sobre otras actividades.
El desafío de transformar estabilidad en crecimiento
Otro de los problemas que persisten es la elevada informalidad laboral, que continúa por encima del 40%. La permanencia de este fenómeno refleja las dificultades estructurales que enfrenta el mercado de trabajo argentino.
El escenario actual, entonces, presenta una economía que logró avances en materia de estabilidad macroeconómica y sector externo, pero que todavía no consigue trasladar esos resultados de manera uniforme a la economía real.
El desafío consiste en transformar los grandes proyectos de inversión en una mayor actividad para las empresas locales, más empleo formal y un aumento sostenido de la inversión en maquinaria, tecnología y capacidad productiva.
En definitiva, el escenario muestra que la estabilización de la economía constituye una condición necesaria, pero no suficiente. El verdadero desafío será conseguir que el crecimiento de sectores capital-intensivos se traduzca en un proceso más amplio de desarrollo productivo, con mayor inversión, empleo y participación de las empresas argentinas.



