Mejorar el nivel de producción es el gran desafío que enfrenta la economía argentina tras estabilizar la macroeconomía y así recuperar su competitividad internacional.
La productividad laboral debería ocupar un lugar muy importante en la agenda nacional, si bien muchas veces queda en segundo plano frente a otros debates actuales. Sin embargo, la productividad es lo que determina si un país puede crecer de manera sostenida, crear empleo de calidad y mejorar los ingresos reales.
La productividad laboral se mide como el Producto Interno Bruto dividido por la cantidad de personas ocupadas. Este indicador permite observar cuánto valor agregado genera en promedio cada trabajador de una economía y brinda una estadística útil sobre la eficiencia del aparato productivo, si bien no captura todos los matices como la calidad del empleo o la composición sectorial.
Como indica el gráfico presentado, Argentina se encuentra en un declive desde 2017, a diferencia de países vecinos como Chile, que mejoró sus estadísticas; o Brasil, que se mantiene en la línea, con períodos de baja y períodos de recuperación.
Este rezago no es nuevo, pero se vuelve más visible en un momento en el que el país necesita ampliar sus exportaciones, atraer inversiones y generar empleo formal. La baja productividad no sólo limita la competitividad externa, sino que también restringe la capacidad del Estado para sostener políticas públicas, dado que la base impositiva no puede expandirse sin afectar aún más a una economía que ya opera con altos niveles de informalidad y presión fiscal.
Argentina cayó un 12 %
Según datos del Banco Mundial, entre 2011 y 2023, la productividad por ocupado en Argentina cayó un 12 %, una tendencia que se agudizó a partir de 2018, en medio del estancamiento del empleo registrado privado, aumento de la informalidad y menor inversión en capital físico y humano.
Hacia adelante, un gran desafío se presenta para el presidente Javier Milei de revertir la situación, con todo lo que eso significa en un contexto global incierto. Los números son alarmantes: mientras parte del mundo y casi toda la región mejora, la Argentina tiene hoy exactamente el mismo nivel de productividad que en 2006. Sin dudas algo en los planes económicos anteriores no funcionó o estuvo mal proyectado.
Varios informes económicos recientes coinciden en que el punto crítico para el deterioro fue entre 2011 y 2012, en el mismo momento en que Argentina inauguró el cepo cambiario. Dos años antes ya se había perdido el equilibrio fiscal y también el autoabastecimiento energético, fundamental en un país con recursos naturales variados.
La productividad, como en 2006
Ieral, de la Fundación Mediterránea, una organización que se dedica al análisis de la problemática socioeconómica nacional y latinoamericana para brindar recomendaciones de políticas públicas, elaboró un trabajo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y los ministerios de Economía y Capital Humano, en el que explica que la evolución del PBI por un lado, y del empleo por el otro, registran una merma de productividad superior al 15 % entre 2011 y 2024. La productividad actual remite a los registros de 2006, casi veinte años atrás.
Jorge Vasconcelos, jefe del departamento económico de Ireal explica que la degradación se dio incluso en el sector más competitivo del país, el agropecuario. “Las retenciones a las exportaciones le quitaron al chacarero la posibilidad de reinvertir”, dice, y muestra una comparación demoledora: entre 2016 y 2024 Brasil pasó de producir 245 a 360 millones de toneladas de granos (+47 %), y la Argentina, el granero del mundo, apenas de 121 a 126 millones (+4 %). Los datos hablan por sí solos.
Incluso en otros países de América Latina, donde los desafíos son similares a los de Argentina, los resultados fueron más favorables: Chile, por ejemplo, registró una mejora del 11 % en el período, mientras que Brasil, aunque con altibajos, finalizó 2023 con un nivel de productividad por encima del argentino. El desafío por delante para el Gobierno será entonces equiparar las estadísticas de países vecinos al nuestro sin caer en la devaluación y, en el camino, concretar la baja de impuestos que demandan los sectores productivos argentinos.



