El sector privado perdió 12.000 puestos de trabajo en abril y acumula una pérdida de 235.000 empleos desde noviembre de 2023. Industria y comercio lideran la contracción, mientras que el salario mínimo real ya se ubica por debajo del nivel de 2001.
El proceso de estabilización macroeconómica que atraviesa la Argentina logró consolidar uno de los principales objetivos del Gobierno: la desaceleración de la inflación. Sin embargo, ese avance todavía no se traduce en una recuperación de la actividad ni del empleo. Así lo sostiene un nuevo informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), que advierte que la economía permanece estancada y que la destrucción de puestos de trabajo formales se convirtió en el principal desafío de la actual etapa.
El análisis toma como referencia el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) de mayo de 2026, publicado por el INDEC, que registró una caída del 0,5% mensual en términos desestacionalizados, profundizando una tendencia de estancamiento que, según la entidad, comenzó a principios del año pasado.
Para IDESA, la estabilización de los precios representa un logro relevante, pero advierte que el enfriamiento de la economía está teniendo un fuerte impacto sobre el mercado laboral y las remuneraciones.
La caída del empleo y los salarios, la principal preocupación
Uno de los datos más preocupantes del informe es que el crecimiento del empleo de los últimos dos años estuvo explicado casi exclusivamente por el trabajo independiente no registrado, mientras que las empresas privadas continuaron reduciendo personal formal.
Esta dinámica también repercute sobre los salarios. Según el estudio, las remuneraciones reales acumulan una pérdida sostenida desde 2018 y, pese al proceso de desinflación de los últimos dos años, todavía no lograron recuperarse. En términos reales, los salarios actuales se ubican en niveles similares a los de fines de 2023.
Para la entidad, este escenario refleja que la estabilización macroeconómica aún no alcanza para recomponer el poder adquisitivo ni incentivar una recuperación sostenida del empleo privado.
Los sectores tradicionales son los más afectados. El resto crece, pero no genera empleo
El informe también analiza el desempeño sectorial entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 y encuentra fuertes diferencias entre las distintas actividades.
Los sectores más intensivos en generación de empleo continúan mostrando los peores resultados. La industria manufacturera, la construcción y el comercio registraron una caída cercana al 9% en el nivel de producción, mientras que el empleo formal se redujo alrededor de 6%.
Dado que estas actividades concentran aproximadamente el 45% del empleo total del país, su retroceso explica buena parte del deterioro del mercado laboral.
El trabajo de IDESA destaca además una transformación estructural en otros sectores de la economía. La actividad financiera incrementó su producción alrededor de 12%, aunque redujo un 6% su plantilla de trabajadores registrados. Algo similar ocurrió en petróleo, gas y minería, donde la producción creció en promedio 37%, pero el empleo formal disminuyó 9%.
Según la entidad, estos datos muestran que los sectores más dinámicos desde el punto de vista productivo también están atravesando procesos de reconversión tecnológica y aumento de productividad que requieren menos mano de obra.
La única excepción es el sector agropecuario, que aparece como la única actividad que logró combinar crecimiento de la producción con generación de empleo.



