Colza y camelina: las oleaginosas que prometen transformar el sudeste bonaerense

Se consolidan como herramientas clave para productores que buscan maximizar la rentabilidad sin resignar la sustentabilidad del recurso suelo.
Otro objetivo es convertir períodos históricamente improductivos en etapas activas de la rotación.

En el marco de la búsqueda de sistemas agrícolas más eficientes y sustentables, la incorporación de cultivos como la colza y la camelina está redefiniendo las rotaciones en el sudeste de la provincia de Buenos Aires.

Según el Ing. Agr. Pablo Calviño, asesor técnico de esta zona de la provincia de Buenos Aires, el valor estratégico de estas oleaginosas de invierno radica en su capacidad para ocupar espacios que anteriormente quedaban vacíos dentro del ciclo productivo.

Uno de los hallazgos más disruptivos mencionados por Calviño es el impacto de la camelina en los cultivos subsiguientes.

La soja de segunda sembrada sobre rastrojo de camelina logra un rendimiento sumamente similar al de una soja de primera.

Esto se debe, en gran medida, a que la camelina permite adelantar significativamente la fecha de siembra de la oleaginosa de verano, situándola entre el 20 y el 28 de noviembre, una ventana temporal que antes se consideraba impensada para la región.

Desde el punto de vista económico, la implantación de la camelina presenta una ventaja competitiva notable: su costo es prácticamente equivalente al de mantener un lote en barbecho. No obstante, a diferencia de la tierra en descanso, el cultivo genera una renta directa, aporta valor al sistema y mantiene el suelo activo.

Hacia una intensificación sustentable

La introducción de estas especies no busca desplazar a los cultivos tradicionales, sino intensificar la producción.

El objetivo central es transformar períodos históricamente improductivos en etapas activas de la rotación, permitiendo un mejor aprovechamiento de cada hectárea disponible.

Este cambio de paradigma también responde a una demanda global por prácticas más responsables. La promoción de estas alternativas —impulsada en espacios como Aapresid 2026— procura:

—Diversificar las rotaciones y cuidar la salud de los suelos.

—Reducir la huella de carbono de los sistemas productivos.

—Generar nuevas oportunidades de agregado de valor y comerciales para el agro argentino.