Vitivinicultura: cómo la fragilidad de un mercado interno estancado impacta en el sector

Tras la liberación de los vinos, la industria encara un semestre decisivo donde la caída del consumo y la inflación obligan a buscar un equilibrio.
El debate se centra entre la sustentabilidad del negocio y la necesaria recomposición de los ingresos de los trabajadores.

Con el inicio de las tareas de poda y un mercado interno que no logra repuntar, el sector vitivinícola nacional encara un segundo semestre decisivo marcado por las negociaciones paritarias de agosto y el reclamo de los trabajadores frente a la inflación.

La industria vitivinícola nacional atraviesa actualmente un período de definiciones críticas en un contexto de incertidumbre económica, donde la caída del consumo interno y el rezago salarial frente a la inflación son los principales focos de preocupación.

Tras concluir la etapa de liberación de los vinos, las fincas comienzan a organizar las tareas de poda mientras observan con cautela variables como la evolución de las exportaciones y el rumbo general de la economía nacional.

El próximo mes de agosto será clave para el sector, ya que la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) retomará las discusiones con las cámaras empresarias para definir los salarios del periodo agosto-febrero.

El objetivo central del gremio es recuperar el poder adquisitivo perdido, el cual estiman en una caída de entre el 4 % y el 5 % durante el último período paritario.

Daniel Romero, secretario de Prensa, Cultura y Difusión de FOEVA, destaca la complejidad del momento: “Hoy estamos analizando el movimiento de la liberación de los vinos y las variables del sector para evaluar el inicio formal de las tareas de poda en las fincas. En este escenario, ya tenemos la mirada puesta en las paritarias que comenzaremos a negociar en agosto”.

Sueldos relegados y techos paritarios

Uno de los puntos de mayor fricción es la denuncia de techos impuestos a las negociaciones colectivas. Según Romero, aunque se pregona una negociación libre, la realidad es distinta: “El salario de los empleados vitivinícolas está completamente relegado. Venimos arrastrando un sueldo muy devaluado, que es la pelea constante que tenemos en todas las paritarias. Se habló de negociaciones libres, pero nunca terminó siendo así, el Gobierno siempre termina poniendo un techo a las paritarias”.

En términos de cifras concretas, el retraso salarial se refleja en los niveles básicos actuales:

—Trabajador de viña: $ 786.000 de salario básico.

—Empleado de bodega: $ 955.000 de salario básico.

Desde el sindicato sostienen que estos montos han quedado fuertemente rezagados frente al incremento del costo de vida, lo que profundiza el atraso acumulado mes a mes.

Un futuro incierto

Si bien se percibe una leve apertura en los mercados de exportación, el impacto real en la actividad aún está por verse.

La industria busca desesperadamente un equilibrio entre una demanda debilitada y la necesidad urgente de los trabajadores por recomponer sus ingresos en un semestre que será determinante para la sustentabilidad del sector.