Investigadores del IABIMO (INTA-Conicet) desarrollan una molécula artificial que busca bloquear la colonización de la bacteria en bovinos. El objetivo es reducir la excreción fecal de Escherichia coli O157:H7, principal responsable del Síndrome Urémico Hemolítico, sin sumar costos extras al productor.
Con aproximadamente 500 casos detectados por año, la Argentina se posiciona como el país con mayor incidencia de Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), siendo esta la principal causa de insuficiencia renal aguda pediátrica. El principal agente detrás de esta problemática es la bacteria Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC), cuyo reservorio natural es el ganado bovino.
Si bien el ganado generalmente no manifiesta síntomas de enfermedad, actúa como portador y excreta la bacteria de forma intermitente a través de las heces, lo que termina contaminando pasturas, fuentes de agua y alimentos.
Ante este escenario, un equipo de investigación del IABIMO (INTA-Conicet) ha trabajado durante más de una década en una solución que ataque el problema en su origen: el intestino del animal.
La estrategia se centra en neutralizar la capacidad de la bacteria para adherirse al tracto digestivo del animal. Para ello, los científicos identificaron dos proteínas críticas del sistema de secreción de la bacteria, denominadas EspB e Intimina, como los blancos más eficaces para bloquear su colonización.
La innovación consiste en la creación de una quimera, una molécula artificial que fusiona ambas proteínas en una sola estructura que no existe en la naturaleza.
Según Ángel Cataldi, investigador del IABIMO, los ensayos han demostrado que esta proteína genera una respuesta inmune en los bovinos, produciendo anticuerpos capaces de reconocer a las proteínas originales y disminuir la acción de la bacteria.
Un enfoque pensando en el productor
Uno de los mayores obstáculos históricos para implementar vacunas contra la E. coli en el sector ganadero es que el animal no se enferma. Esto se traduce en que, para el productor, la vacunación representa un gasto operativo sin un beneficio económico o productivo directo y visible.

Para superar esta barrera, el equipo de investigación propone una alternativa ingeniosa y económica: integrar la molécula Quimera en vacunas pecuarias que ya se utilizan habitualmente. Al expresar la proteína en la membrana de bacterias que ya forman parte de los planes sanitarios actuales, se logra que el sistema inmune del animal la detecte sin necesidad de aplicar una vacuna adicional, evitando así costos extras para el establecimiento.
Los pasos venideros
El desarrollo ya ha superado exitosamente las etapas de laboratorio y las pruebas en modelos animales pequeños. Actualmente, el equipo trabaja en la fase de bacterias recombinantes y, tras obtener resultados preliminares alentadores, se prepara para la siguiente etapa: los ensayos en animales a campo.
Este avance no solo representa un hito científico para el agro argentino, sino también una herramienta clave de salud pública para disminuir la presencia de patógenos en la cadena alimentaria desde su primer eslabón.