Alfalfa: por qué la fertilización estratégica es la clave para la sostenibilidad

“Omitir la nutrición provoca una degradación severa de la estructura del suelo y una caída drástica en la producción forrajera”, dijo el Ing. Agr. Cristian Alvarez, del INTA General Pico.
Una fertilización equilibrada es clave para optimizar la conversión biológica y garantizar la sostenibilidad económica y ecológica en regiones semiáridas.

En el marco del Simposio Regional Fertilidad 2026 realizado en Santa Rosa, el Ing. Agr. Cristian Álvarez, especialista del INTA General Pico y de la Facultad de Agronomía de la UNLPam, lanzó una advertencia contundente para los productores de la región semiárida: la falta de una nutrición planificada no solo compromete la oferta forrajera, sino que degrada la estructura física del suelo y acelera procesos de acidificación irreversibles.

La alfalfa es una gran generadora de biomasa, pero esa productividad tiene un costo invisible bajo la superficie. Álvarez fue enfático al describir el impacto del manejo extractivo: “Las pasturas no son ajenas a la realidad del suelo; expresan el maltrato a través de una menor producción, problemas para persistir en el tiempo y una caída drástica en su calidad nutricional”.

Las cifras presentadas son alarmantes. Evaluaciones realizadas en Anguil y Dorila mostraron que una producción acumulada de 33,3 toneladas de materia seca en tres años extrae del suelo la impactante suma de 673 kg/ha de cationes totales, incluyendo 425 kilos de potasio, 205 kilos de calcio y 43 kilos de magnesio. A esto se suman 37 kg/ha de azufre y 48 kg/ha de fósforo. El especialista calificó este fenómeno como una “enorme exportación de nutrientes” que, de no ser repuesta, rompe el equilibrio químico del perfil.

Ing. Agr. Cristian Álvarez, especialista del INTA General Pico y de la Facultad de Agronomía de la UNLPam.

En las zonas de secano, el agua es el factor limitante, pero la nutrición es la herramienta para aprovecharla al máximo. Según Álvarez, un manejo integrado puede elevar la eficiencia en el uso del agua (EUA) de un piso de 12 kilos a alcanzar los 22 kilos de materia seca por milímetro de agua por hectárea.

A través de ensayos regionales, se demostró que la fertilización estratégica con fósforo y azufre incrementa la producción entre un 28 % y un 106 % en alfalfas puras, y hasta un 46 % en pasturas consociadas. En términos de calidad, este esquema permitió saltar de 4,65 a 6,6 toneladas de proteína pura acumulada por hectárea.

El balance ambiental: de emisores a secuestradores

Uno de los puntos más destacados de la exposición fue el rol de la nutrición en la lucha contra el cambio climático. Álvarez explicó que los lotes degradados muestran un balance negativo de carbono, perdiendo hasta 760 kg de C/ha al año.

Sin embargo, la tendencia se puede revertir: “Cuando fertilizamos bien con fósforo y azufre no solo producimos más forraje, sino que logramos dar vuelta el balance ambiental”, afirmó el técnico, señalando que los planteos correctamente nutridos lograron secuestrar hasta 690 kg de C/ha anuales.

La amenaza de la acidificación

Finalmente, el especialista advirtió sobre el “punto de no retorno” que representa la caída del pH. Cuando el perfil del suelo cae por debajo de 6,8 debido a la pérdida de bases intercambiables, las pérdidas de rendimiento son drásticas, llegando a producir menos del 65 % del potencial hídrico regional.

En un contexto donde el balance físico y químico condiciona directamente la producción de carne y leche, la fertilización estratégica deja de ser una opción técnica para convertirse en una necesidad de supervivencia para el sistema productivo.