El girasol viene marchando en el SEB : rindes históricos para la recuperación

A pesar de los fenómenos climáticos, la oleaginosa mostró resiliencia: en algunos lotes se lograron 3.400 kilos por hectárea.
La campaña puso a prueba la capacidad de manejo frente a malezas difíciles como la rama negra, el yuyo colorado y el nabo.

La actual campaña de girasol en el sudeste de la provincia de Buenos Aires ha marcado un hito de recuperación para el sector. Tras atravesar extremos climáticos, el cultivo volvió a exhibir su resiliencia, logrando en diversas zonas resultados de 3.400 kilos por hectárea. Este desempeño es particularmente significativo, ya que en varios puntos de la región se recuperaron niveles de producción que no se registraban desde hacía tres o cuatro ciclos productivos.

El éxito de la campaña se distribuyó de manera notable en distintas localidades. En áreas como Lobería, Necochea, el norte de Balcarce y Miramar, los rendimientos superaron consistentemente los 3.000 K/H, con lotes específicos que reportaron un contenido de materia grasa de entre el 55 % y 56 %.

Por su parte, la red de distribución de Nidera (RED.IN) calificó la campaña como excelente en los partidos de Tandil, Ayacucho y Benito Juárez. Sin embargo, el factor tiempo fue determinante. Los lotes implantados en la primera quincena de octubre sufrieron el déficit hídrico de enero y febrero durante la etapa de llenado, lo que limitó sus rindes a unos 2.000 K/H.

Las siembras posteriores lograron esquivar mejor el impacto de la sequía, alcanzando los picos de 3.400 K/H mencionados.

Pero no todo fue sencillo para los productores. La campaña puso a prueba la capacidad de manejo frente a malezas difíciles como la rama negra, el yuyo colorado y el nabo. Además, una primavera húmeda favoreció la aparición de plagas como la babosa y el bicho bolita, complicando el establecimiento inicial de las plantas.

Un factor clave en la recuperación de los kilos este año fue la menor presión de Phomopsis, una enfermedad fúngica que en años anteriores representó el desafío más importante para los rindes de girasol, afectando los resultados de manera contundente al reducir tanto el peso (léase kilos) como la calidad de la cosecha.

El impacto de esta enfermedad en campañas pasadas se caracterizó por lo siguiente:

—Dependencia climática: la incidencia fue particularmente grave en ciclos que presentaron diciembres y febreros lluviosos.

—Pérdida de productividad: debido a la presión de esta enfermedad en años previos, muchas zonas del sur bonaerense no lograban alcanzar los niveles de producción actuales. De hecho, los rendimientos superiores a los 3.000 kilos por hectárea registrados en la presente campaña no se veían desde hace tres o cuatro años en localidades como Lobería, Necochea y Miramar.