La cadena agroindustrial argentina atraviesa un momento de transición donde la tecnología de punta convive con lógicas de gestión obsoletas. Según el diagnóstico de Juan Pablo Cosentino, profesor asociado y director académico del área Operaciones y Tecnología del IAE Business School y de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Austral, el sector presenta niveles de madurez digital muy desiguales, lo que condiciona su capacidad para capturar valor de manera integral.
Para el especialista, el problema ya no radica únicamente en la histórica falta de conectividad, sino en la necesidad de avanzar hacia una transformación basada en procesos ordenados.
Cosentino señala que, aunque existen eslabones altamente tecnificados, la falta de una visión sistémica impide que el sector dé un salto de calidad conjunto.
“La cadena agroindustrial puede mostrar soluciones tecnológicamente muy sofisticadas en algunos puntos, pero eso no significa que esté digitalmente transformada”, explica Cosentino.
Al analizar las fallas en la integración, añade: “El problema suele estar en los procesos que unen a los eslabones: allí donde debería circular información, coordinarse decisiones y sincronizarse la acción, muchas veces persisten lógicas analógicas. Y cuando los vínculos entre actores no evolucionan al mismo ritmo que las soluciones, aparece un desacople estructural en la captura y la entrega de valor”.
Una visión de ecosistema
El análisis de Cosentino pone el foco en que la modernización aislada de algunos actores no es suficiente si no existe una interoperabilidad que permita a los distintos eslabones dialogar en un mismo lenguaje. Sin esta coordinación, lo que se observa es una suma de mejoras parciales con un impacto sistémico limitado.

Esta desconexión afecta directamente la agilidad y la velocidad de respuesta de las organizaciones ante un entorno cambiante. En este sentido, el experto destaca que el objetivo final debe ser convertir los datos en conocimiento y acción real.
“La digitalización debe ser el punto de partida de un proceso ya revisado, ordenado y optimizado, para luego poder transformarlo”, afirma de manera categórica. Para Cosentino, el orden de los factores sí altera el producto en este campo: “Eso permite trabajar no solo sobre eficiencia y productividad, sino también sobre la capacidad de generar valor. La primera palabra de la transformación digital es transformación: rediseño y optimización de procesos. Ese orden importa”.
El rol de la ingeniería industrial
Cosentino subraya que para cerrar esta brecha entre lo analógico y lo digital, la ingeniería industrial tendrá un papel protagónico en el agro moderno.

Esta disciplina aporta una mirada de procesos que complementa la visión agronómica tradicional, permitiendo que la digitalización se incorpore de manera consistente en toda la cadena.
Según su visión, si no se logra esta consistencia, la toma de decisiones seguirá resentida por la lentitud de los eslabones que aún permanecen excesivamente analógicos.
Fuente: www.incrementarsa.com