Queda en la localidad de Mar Chiquita, provincia de Buenos Aires. Es un edificio de 312 metros cuadrados que se construyó con 25 toneladas de residuos.
La Escuela Primaria Nº 12 de Mar Chiquita se convirtió en un establecimiento educativo innovador y revolucionario. Este edificio de 315 metros cuadrados, construido con 25 toneladas de residuos, alberga a 120 niños y niñas, destacándose no solo por su función educativa, sino por ser un modelo ejemplar de sostenibilidad y conciencia ambiental en Argentina.
Guiada por los principios del método Earthship del arquitecto estadounidense Michael Reynolds, la escuela se ha convertido en la segunda institución educativa sustentable en Latinoamérica. La construcción, fruto de la colaboración de más de 200 personas de diversas partes del país y el mundo, utiliza energías renovables y es completamente autosuficiente gracias a sus paneles solares.
El diseño innovador de la escuela, basado en el “acondicionamiento térmico pasivo”, mantiene una temperatura estable entre 18°C y 25°C durante todo el año sin depender de calefacción o refrigeración artificial. Además, la captación de agua de lluvia y la reutilización de aguas grises para riego y limpieza son prácticas habituales en este espacio educativo, que cuenta con huertas interiores y exteriores para proveer alimentos orgánicos a la comunidad educativa.

La clave para llevarlo a cabo fue la comunidad
La conexión con la comunidad es un pilar fundamental del proyecto. La cooperadora, formada por familias comprometidas, impulsa iniciativas como una tiendita sustentable y la construcción de nuevos juegos con madera. La directora, Florencia Capornio, desempeña un papel crucial al integrar la sustentabilidad en la currícula escolar y fomentar la participación de los padres, quienes lideran visitas guiadas y actividades educativas.
La escuela sustentable no solo se destaca como una construcción innovadora, sino como un centro de aprendizaje y conciencia para la comunidad. Con talleres educativos, visitas guiadas y un enfoque integral en la educación ambiental, se ha convertido en un símbolo de conservación y protección del medio ambiente en la región.
Este hito no solo atrae la atención de quienes buscan innovación educativa, sino que también se ha integrado en recorridos turísticos locales, destacando su importancia como un faro inspirador que demuestra que la educación y la sostenibilidad pueden coexistir para construir un futuro más consciente y respetuoso con el medio ambiente. La escuela sustentable de Mar Chiquita no solo es localmente sostenible, sino un testimonio vivo de cómo la comunidad puede llenar de significado la sostenibilidad.



