Según el estudio de una consultora privada la destrucción del empleo se aceleró fuertemente en los últimos meses.
La caída de la industria en Argentina ya provocó más de 100.000 despidos, según un informe privado que advierte sobre el impacto en el empleo y la economía. En paralelo, crece el reclamo desde distintos sectores al Gobierno de Javier Milei por políticas que impulsen la producción y el trabajo.
Así lo detalla un relevamiento del Grupo Atenas que contabiliza la pérdida de 73.000 puestos de trabajo registrados directos y suma otros 30.000 indirectos vinculados a distintas actividades. Según detallaron los economistas Martín Pollera y Mariano Macchioli, el impacto de la industria va mucho más allá del empleo directo, ya que activa una red de actividades que incluyen insumos, servicios, logística, comercio y construcción.
“Más allá del empleo directo, la industria activa una red amplia de actividades económicas. Cuando se genera un nuevo empleo industrial, se pone en movimiento una cadena completa. Funciona como un nodo central dentro de la estructura productiva”, explicaron en el informe llevado a cabo por Grupo Atenas.
De esta manera, al incorporar los efectos indirectos, la pérdida total alcanzaría unos 104.000 puestos de trabajo vinculados a la caída de la producción manufacturera. “Más de la mitad de los departamentos del país perdieron empleo industrial: el conurbano, los distritos del interior productivo. Cuando una fábrica cierra, no cierra sola: arrastra al proveedor, al transportista, al comercio del barrio”, sostuvo Pollera.
El informe también pone en duda la idea de que los empleos perdidos en la industria puedan ser absorbidos por otros sectores. Según los datos relevados, el agro generó apenas 10.000 puestos de trabajo, mientras que en energía y minería el balance fue negativo.
En ese contexto, se destaca que 46.000 empleos formales desaparecieron solo en la provincia de Buenos Aires, y muchos de esos trabajadores habrían pasado a la informalidad, con menores ingresos y sin derechos laborales. Desde Atenas advirtieron además que el proceso de desindustrialización genera efectos persistentes, como la obsolescencia de instalaciones, el deterioro del capital humano técnico y un clima adverso para la inversión.



