Los fabricantes de bienes de primera necesidad enfrentan un incremento en los costos por el freno en la actividad y la escasez de residuos.
Entre los efectos que produce la caída del consumo interno hay uno que no estaba previsto por ningún económista: por la falta de basura, los costos están generando una fuerte presión sobre la cadena productiva del papel. La caída en la actividad del sector gráfico desplomó la impresión de libros, revistas y planillas, reduciendo al mínimo el volumen de la recolección de los recicladores urbanos. Esto impactó de lleno en la estructura de precios, asfixiando con mayores costos operativos tanto a las imprentas como a las fábricas productoras de papel higiénico y servilletas, que ven los precios históricos duplicarse.
El freno en las líneas de impresión generó un efecto dominó sobre los fabricantes de bienes de primera necesidad, como el papel higiénico, las servilletas y los rollos de cocina de la cadena tissue. Estas plantas utilizan como materia prima fundamental los residuos de hojas de oficina y recortes gráficos que tradicionalmente recupera el circuito del reciclaje urbano.
Fuentes del mercado papelero explicaron que, por la falta de consumo y al haber menos rezago de papel de oficina, la demanda por la poca basura disponible se disparó. El resultado es que el kilo de papel de descarte (que históricamente cotizó en una franja de entre 15 y 20 centavos de dólar) hoy se duplicó hasta los 30 centavos de dólar, consolidando un sobrecosto del 100% en la base de la pirámide productiva.
Aumentos reprimidos por la recesión productiva
La encrucijada es que, en un contexto de bolsillos y ventas deprimidas, las empresas están imposibilitadas de trasladar este incremento de costos a los precios de góndola. Sin embargo, en la cadena de valor advierten que, ante el mínimo repunte estadístico de la demanda de consumo masivo, el precio final del papel sufrirá aumentos sustanciales de forma automática para recuperar los márgenes perdidos.
Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA) y titular de una empresa del sector, detalló la mecánica de este desabastecimiento: “El recorte del papel se clasifica en diferentes calidades. En el caso de la planilla blanca de oficina, que es el rezago que juntan los recicladores, hay una escasez brutal por la caída del consumo. Las propias editoriales imprimen menos, porque en la actualidad se importa mucho y eso hace que haya menos rezago en la calle”.
Para el empresario pyme, esta dinámica configura una trampa operativa que, por ahora, está contenida artificialmente por la propia parálisis de las ventas. “Cuando hay menos rezago, se genera una demanda insatisfecha. Así se consuma poco, significa un incremento directo en el costo del papel”, explicó Rosato. Y lanzó una advertencia sobre el futuro inmediato de las góndolas: “Hoy los precios no se pueden tocar por la recesión, pero si hubiera un mínimo repunte en el consumo, el papel tendría aumentos importantes y automáticos por la falta de materia prima”.



