Cada 1° de octubre, se celebra esta fecha que busca poner en valor no solamente a la bebida sino también a toda la cadena que participa de su producción
El primer día del mes de octubre se festeja el Día Internacional del Café, una fecha que permite poner el foco no solo en la bebida, sino también en la extensa cadena de actividades que existe detrás de cada taza. Desde el cultivo y la cosecha de los granos hasta su importación, procesamiento, comercialización y preparación, el café atraviesa distintas etapas antes de llegar al consumidor.
Argentina no se caracteriza por ser un país productor de café a gran escala. La mayor parte de los granos utilizados en el mercado local proviene del exterior, principalmente de países de América Latina con una fuerte tradición cafetera. Brasil, Colombia y Perú se encuentran entre los principales orígenes de los granos que llegan al país.
Esta dependencia de las importaciones hace que el mercado argentino esté estrechamente vinculado con lo que sucede en los principales países productores y con la evolución de los precios internacionales. El costo de los granos, el transporte y el tipo de cambio son algunos de los factores que terminan incidiendo sobre el precio que paga el consumidor.
Del cultivo al grano que llega a la Argentina
La cadena comienza en las zonas productoras, donde el café es cultivado, cosechado y posteriormente procesado para obtener los granos que serán comercializados en los mercados internacionales.
Una vez que el producto ingresa a la Argentina, comienza otra etapa de la cadena vinculada con la industria local. Los granos pueden ser tostados, molidos y envasados antes de llegar a supermercados, comercios especializados, cafeterías y consumidores.
En los últimos años también surgieron experiencias destinadas a desarrollar el cultivo de café dentro del país. Algunas iniciativas experimentales comenzaron a explorar las posibilidades de producción en regiones del norte argentino, aunque todavía se trata de una actividad incipiente frente al volumen que representa el café importado.
Un consumo instalado en los hogares
El café ocupa un lugar importante dentro de los hábitos de consumo argentinos. De acuerdo con datos citados en el relevamiento, está presente en más del 90% de los hogares del país y el desayuno concentra una parte significativa de las tazas consumidas.
Las estimaciones para 2026 ubican el consumo promedio en alrededor de 208 tazas por persona al año, equivalente aproximadamente a un kilo de café por habitante.
Ese nivel de consumo genera una cadena comercial que excede ampliamente a los productores de granos. Participan importadores, empresas tostadoras, fabricantes y distribuidores, supermercados, cafeterías y establecimientos gastronómicos, además de los distintos proveedores de equipamiento y servicios vinculados con la preparación de la bebida.
El crecimiento del café de especialidad
A la tradicional costumbre argentina de tomar un café se sumó en los últimos años una oferta cada vez más amplia. El café de especialidad incorporó nuevos métodos de preparación y una mayor variedad de granos y orígenes.
Espresso, filtrado, cold brew, flat white, latte y cappuccino conviven actualmente con el clásico café con leche y el cortado. También se multiplicaron las alternativas para preparar café en los hogares, desde máquinas espresso hasta distintos sistemas de filtrado.
Este cambio modificó parte de la cadena comercial. Ya no se trata únicamente de vender un producto terminado, sino también de diferenciar los granos según su origen, calidad, tipo de tostado y método de preparación.
Las cafeterías, por su parte, se convirtieron en un eslabón relevante de esta cadena, al transformar el grano en una bebida final y ofrecer distintas experiencias de consumo.
Cuánto cuesta el café para el consumidor
El precio final depende de numerosos factores y presenta diferencias importantes según el producto y el lugar de compra.
En cafeterías, un espresso puede partir de algunos miles de pesos, mientras que las preparaciones con leche, tamaños más grandes o ingredientes adicionales alcanzan valores superiores. En el caso del café comprado para preparar en casa, el precio también varía según la marca, el origen, el tipo de grano y el formato.
Por eso, el valor de una taza representa apenas la última etapa de una cadena mucho más extensa. Entre el productor que cultiva el café y el consumidor argentino intervienen múltiples actividades que agregan costos y valor al producto.
El Día Internacional del Café permite, de esta manera, mirar más allá de la bebida. En Argentina, donde prácticamente todo el café consumido tiene origen importado, cada taza forma parte de una cadena internacional que comienza en los países productores y continúa dentro del mercado local a través de la industria, el comercio y la gastronomía.


