El gobierno porteño puso en marcha un procedimiento para realizar vuelos con aeronaves no tripuladas que apunta a entregas, traslado de bienes y monitoreo.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires abrió la puerta para que empresas de logística, distribución y servicios comiencen a probar drones en operaciones reales dentro de la Capital Federal, incluso mediante vuelos que excedan el alcance visual de los pilotos. La decisión quedó formalizada a través de la Resolución 175/SECT/26 de la Secretaría de Transporte, publicada este martes en el Boletín Oficial porteño, que establece un procedimiento específico para realizar pruebas piloto con aeronaves RPA/RPAS y, en particular, para operaciones BVLOS (Beyond Visual Line of Sight).
La medida no implica la habilitación de un servicio masivo de delivery aéreo ni permite que cualquier compañía pueda comenzar a utilizar drones sobre la ciudad. El objetivo es crear un marco experimental para operadores que ya cuenten con las autorizaciones de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) y que quieran ensayar aplicaciones concretas. El alcance potencial, además, va más allá de los pequeños equipos recreativos: las pruebas podrán involucrar aeronaves de Categoría Específica, con un peso máximo de despegue superior a 25 kilos y de hasta 150 kilos, aunque ese límite incluye el peso de la propia aeronave y no equivale a su capacidad de carga.
Una oportunidad para la logística urbana
La propia resolución identifica a la logística como uno de los principales campos de aplicación. El Gobierno porteño sostiene que los drones podrían contribuir a reducir los tiempos de entrega de bienes esenciales, disminuir su impacto sobre el tránsito y automatizar tareas de logística y monitoreo. El interés empresarial se concentra especialmente en la última milla, un segmento en el que cada envío genera recorridos adicionales de motos, bicicletas, autos y utilitarios.
El antecedente más concreto en la Argentina es el trabajo realizado por OCASA y Cupertino Aerial Intelligence en Salta, con participación de ANAC y de la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA). En aquella experiencia se utilizaron drones para transportar placebos médicos entre instalaciones logísticas y una institución sanitaria, como prueba de la posibilidad de utilizar aeronaves no tripuladas para acelerar el traslado de insumos, especialmente hacia lugares de difícil acceso. Cupertino, una empresa fundada en 2022 y especializada en tecnología y servicios con drones, también desarrolló Naime, una solución orientada a redes de aeronaves para realizar entregas médicas programadas.
La apertura regulatoria porteña puede ampliar ese tipo de aplicaciones y sumar nuevos operadores. La resolución no menciona empresas determinadas ni asigna autorizaciones comerciales, pero establece un mecanismo al que podrían recurrir compañías logísticas, de correo y tecnología que obtengan las habilitaciones correspondientes. No hay, en cambio, información oficial que permita afirmar que plataformas como Mercado Libre o PedidosYa hayan solicitado participar de las pruebas.
El salto que permite el BVLOS
El aspecto más relevante del nuevo régimen es la posibilidad de realizar vuelos BVLOS, es decir, sin que el piloto mantenga contacto visual directo con el dron durante todo el recorrido. Esa capacidad resulta fundamental para pensar en aplicaciones logísticas de mayor escala: un equipo podría, bajo las condiciones y autorizaciones correspondientes, conectar depósitos, centros de distribución, hospitales o comercios sin necesidad de que un operador siga visualmente a la aeronave durante todo el trayecto.
Precisamente por el riesgo adicional que implica operar fuera del alcance visual, la Ciudad estableció un procedimiento específico y exige una cadena de autorizaciones. El marco porteño se apoya en la regulación nacional de ANAC, que en 2025 estableció nuevos requisitos para las operaciones con aeronaves pilotadas a distancia. La Ciudad, por su parte, no reemplaza a la autoridad aeronáutica nacional: antes de solicitar la autorización porteña, las empresas deberán obtener los permisos correspondientes de ANAC y presentar el plan de vuelo ante EANA.
Un régimen experimental con fuertes controles
Cada prueba deberá realizarse en las zonas, días, horarios y condiciones meteorológicas autorizadas. Los equipos tendrán que cumplir con los requisitos técnicos correspondientes y ser operados por personal habilitado, mientras que las empresas deberán garantizar asistencia remota permanente y capacidad de intervención ante eventuales fallas.
Una vez cumplida la instancia nacional, el operador tendrá que informar la prueba a la Secretaría de Transporte porteña con al menos 48 horas hábiles de anticipación. La presentación deberá incluir el punto de partida y llegada, la trayectoria prevista, la duración aproximada del vuelo, la identificación del dron, la autorización de ANAC, el plan presentado ante EANA, el objetivo de la prueba y los seguros obligatorios. La información será compartida con áreas vinculadas al tránsito, la seguridad y el monitoreo de la movilidad urbana.
Además, las empresas asumirán una responsabilidad significativa por las consecuencias de las operaciones. La Ciudad podrá exigir una declaración jurada mediante la cual el operador se comprometa a mantenerla indemne y asuma responsabilidad civil, penal y administrativa por los hechos que pudieran producirse durante la prueba. El esquema busca, de ese modo, habilitar la experimentación sin trasladar al Estado porteño el riesgo derivado de las operaciones.
Drones aéreos y terrestres para la última milla
La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de la Ciudad para incorporar vehículos autónomos a la logística urbana. A través de otra resolución, la Secretaría de Transporte habilitó también pruebas piloto de vehículos autónomos de Nivel 4 y drones terrestres destinados al espacio público. Son tecnologías orientadas, entre otras aplicaciones, al reparto de última milla y a la automatización de determinadas tareas operativas.
La diferencia es que los drones aéreos requieren una coordinación adicional con las autoridades nacionales, dado que la Ciudad no controla por sí sola el espacio aéreo. Por eso, el nuevo régimen establece una articulación entre ANAC, EANA y las autoridades porteñas. En conjunto, las dos medidas abren un campo de experimentación para automatizar parte de la logística mediante vehículos que circulan tanto por tierra como por aire.
El Gobierno porteño vincula estas tecnologías con una eventual reducción de la congestión, los tiempos de traslado y la siniestralidad vial, además de un menor impacto ambiental. El beneficio efectivo, sin embargo, dependerá de cada operación: distancia recorrida, peso transportado, consumo energético y, especialmente, qué tipo de viaje terrestre logra reemplazar. Las pruebas que ahora comienzan permitirán determinar si los drones pueden pasar de ser una tecnología experimental a convertirse en una alternativa viable para determinados segmentos de la logística urbana.



