El tandilense Sebastián Bigliante es alambrador desde hace veinte años. Para preservar y transmitir este oficio, fundó una escuela que funciona en una institución salesiana y difunde sus trabajos en redes sociales.
En entrevista con los y las jóvenes del Ateneo de Santa Rosa, Sebastián Bigliante compartió su oficio de alambrador y la pequeña empresa que fundó para preservar esta actividad, Alambrados El Oriental. La empresa lleva ese nombre en honor a su abuelo, quien emigró a Argentina desde Canelones, Uruguay, hace cien años.
El oficio de alambrador, como tantos otros en el campo, se ha vuelto cada vez menos común con el tiempo, similar al oficio de molinero. “Este es un oficio que viene de la familia de mi viejo. Hace más de cincuenta años que mi padre se largó como alambrador. Primero fue peón de alambrador. Tras dos años, en 1972 mas o menos, decidió independizarse con mi tío. Trabajaron juntos un tiempo y luego cada uno continuó por su cuenta. Yo hice la primaria y después de terminar decidí no continuar con la escuela y seguir con el oficio de mi viejo, ya hace veite. Desde los 16, 17 años que estoy alambrando”.
Su abuelo, originario del departamento de Canelones en Uruguay, llegó a la Argentina en 1924, a la localidad de María Ignacia Vela, en el partido de Tandil, provincia de Buenos Aires. A pesar de haber vivido en Argentina, nunca se nacionalizó argentino, permaneciendo como uruguayo y trabajando además como comerciante.
Como sucedía en los tiempos de antes, a Sebastián y su hermano el oficio les fue heredado. Aprendieron gracias a las enseñanzas de su padre, quien comenzó a asignarles trabajos sencillos como reparaciones y construcción de cercos eléctricos. Con el tiempo y la práctica, dominaron el oficio y hoy viven ambos de éste.
A sus 36 años, Sebastián observa que, aunque su región es más agrícola que ganadera, la revalorización del ganado en la última década ha llevado a una renovación de las infraestructuras rurales, como alambrados y molinos, que habían sido descuidadas durante el auge de la soja. Esta renovación impulsó nuevamente el trabajo de alambrado.
“Muchos alambrados internos se levantaron por este tema de la sojización, se abandonaron mangas y muchísimas cosas. Lo mismo molinos y aguadas, que dejaron de arreglarse y el campo se vino muy abajo. Pero desde hace más o menos diez años empezó a valer un poco más la hacienda. La gente empezó a renovar esos alambrados, las aguadas, los molinos, etcétera. Hubo mucho movimiento con el tema de alambrados”, contó.
Respecto de la escuela de alambradores, explicó: “La escuela forma parte de un instituto salesiano conocido a nivel nacional. Ellos ofrecían el curso de alambrado, que antes era impartido por otro profesional. Hace cuatro años me invitaron a mí a dar este curso, que es intensivo y dura cinco días. Enseñamos a los jóvenes las técnicas básicas del oficio, como atar un alambre o instalar una torniqueta”.
Y agregó que “esto no quiere decir que con un curso intensivo de estos vayan a salir alambrador de un día para otro. El oficio de los alambradores es un oficio que te lleva muchos años de aprendizaje para para poder hacer buenos trabajos y poder desarrollarte bien en la actividad” .
Aunque la escuela tiene una relevante cantidad de interesados en aprender, Sebastián nota una falta de interés entre los jóvenes para trabajar en el campo. “No hay muchos jóvenes interesados en este trabajo como antes. Aunque hay muchos chicos en el pueblo, pocos muestran interés en trabajar en el campo”, aseguró.
“El campo es el gran motor del país y en torno a todo lo que es y lo que genera vive muchísima gente. A muchos les parece que es solo semilla y carne, y detrás de eso hay un montón de gente viviendo del campo, produciendo maquinaria, produciendo distintas cantidades de cosas”.
Sebastián Bigliante
Para fomentar el interés en la actividad, Sebastián es activo en las redes sociales (en Instagram @sebastian_bigliante ) y está planificando un canal de YouTube donde compartirá videos educativos sobre el oficio. “Quiero mostrar cómo se coloca un esquinero, cómo se pone un puntal, cómo se realiza un alambrado desde cero hasta desarmar un alambrado viejo y armar uno nuevo. Creo que este año voy a ponerme con eso”, reflexionó.
Más allá del alambre, a lo largo de su carrera también ha trabajado en diversas actividades rurales: “Toda mi vida, desde que me inicié laboralmente no conocí otro oficio, otra cosa, otro trabajo que no sea éste. Si bien he hecho distintas actividades, me gusta mucho hacer monte, leña, reparación de molinos también. Me gusta hacerlo. Mi padre lo hacía porque hubo épocas malas donde no había trabajo de alambre y había que sobrevivir. Uno se debe mucho al campo. Hasta he trabajado en la hacienda, encerrando animales. Completo”, finalizó.
Entrevista realizada para “Entre el campo y la Ciudad”, un espacio de streaming dedicado al conocimiento del sector agropecuario y difusión de las actividades que realizan los/as jóvenes del @ateneosantarosa en Radio Vorterix.



