A diferencia de otros sectores como textiles o la industria del neumático, en el caso de la producción vitivinícola las importaciones son bienvenidas por las empresas del rubro.
Las importaciones de vino embotellado crecieron en 2025 un 300 %, pero este crecimiento no representa una amenazada para el sector, pese a que viene siendo golpeado por la caída del consumo y también por otros factores, como el aumento de costos y los cambios de hábitos.
El contexto en el que se encuentra la industria nacional induce a pensar que esto puede ser perjudicial para el rubro, si se toman como ejemplo otros sectores como los textiles, neumáticos o el acero, que vienen sufriendo por el ingreso abrupto de la competencia extranjera.
Sin embargo, pese a un escenario propio complicado, la actividad del sector vitivinícola, al menos por ahora, no sufre impacto negativo por el incremento de las importaciones.
Sus propios protagonistas relativizan el impacto y coinciden en un punto central: lejos de representar un peligro para la producción nacional, el ingreso de etiquetas extranjeras se posiciona como un complemento del consumo local dentro de un mercado cada vez más segmentado y orientado a nichos de alto valor.
Los datos oficiales del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) muestran que en 2025 se importaron 12.934 hectolitros de vino fraccionado, lo que implica un incremento del 339,6% respecto de 2024.
Traducido a un ejemplo cotidiano, ese volumen equivale a cerca de 1,3 millones de litros de vino o a unas 970.000 de las tradicionales botellas de tres cuartos.
Para dimensionar las cifras hay que tener en cuenta que en 2025 las ventas totales de vino embotellado en el mercado interno fueron de 484.722.400 litros, según los datos del INV.
El organismo también detalla que Chile concentra el 52,6% de los envíos, seguido por España con el 13,6% y otros países como Francia, Italia y Brasil en participaciones menores. No son productos fuertemente subsidiados, como sí sucede con la mayoría de los competidores asiáticos.
Además, hay que tener en cuenta que los niveles de comparación son extramadamente bajos, debido a la dificultad para importar que había en períodos previos, por lo que las etiquetas importadas representan un número marginal en el consumo total de vinos por parte de los argentinos.



