Desde el 2023 a esta parte, el sector denuncia el cierre de más de 2.800 panaderías y la pérdida de 17.000 puestos de trabajo.
El consumo de pan sigue en caída libre y en algunos puntos del Gran Buenos Aires ya acumula un derrumbe del 60% desde la llegada de Javier Milei al Gobierno. Peor aún, la venta de facturas y productos de pastelería alcanza un desplome del 80%.
Así lo revelaron desde la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), donde advirtieron que a raíz del deterioro del poder adquisitivo, los hábitos de consumo mutaron hacia las compras fraccionadas por unidades y no por peso.
A este escenario se sumó una creciente concurrencia a las panaderías de personas en situación de vulnerabilidad pidiendo por pan remanente del día anterior que no se vendió. “Vienen y compran una o dos flautitas. Hoy viene más gente a pedir que a comprar”, dijo el dirigente panadero Martín Pinto, que sostuvo que la mayor clientela perdida en estos tiempos son los jubilados: “Dejaron de comer pan porque priorizan la compra de remedios”, añadió.
Frente a este cuadro y al aumento de los costos de producción y de los servicios, las cámaras del sector advierten que ya existen numerosas panaderías que trabajan a la mitad de su capacidad
“La situación de los panaderos de la Argentina es crítica. Seguimos en caída libre. Hace dos años y medio nos sentamos en un tobogán y no paramos de caer”, agregó Pinto. El dirigente sostuvo además que el impacto económico ya provocó el cierre de unas 2.850 panaderías en todo el país, con una pérdida estimada de 17.000 puestos de trabajo.


