Los datos los arroja la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportaciones de Cereales (CIARA-CEC). Entre enero y septiembre cayó en 3.6 millones de toneladas la molienda de la oleaginosa, debido a que exportaba sin agregarle valor.
Argentina posee uno de los complejos industriales sojeros más grandes del mundo, pero hace ya varios años que el procesamiento de la oleaginosa se estancó, generando fuertes pérdidas económicas para el país. Según un informe de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (CIARA-CEC), durante septiembre se molieron 2,873 millones de toneladas, lo que significó una caída en volumen de 267.000 toneladas respecto a agosto.
Si bien el dato comparativo entre estos meses no es significativo, sí lo es el acumulado anual. En dicho período se procesaron 29,6 millones de toneladas frente a las 33,2 millones que se industrializaron durante el mismo período de 2021, dando una diferencia de 3,6 millones de toneladas interanuales. Esta caída representa para el país una pérdida de USD 2.160 millones en ingreso de divisas y de USD 712 millones en derechos de exportación.
Pese a los números alarmantes, la principal preocupación es el estancamiento de la industrialización y la diferencia respecto a otros países que cada vez es mayor. “La molienda de soja en Argentina está congelada desde el 2015, mientras que en Brasil y Estados Unidos no para de crecer”, afirmaron desde CIARA-CEC.
Esta merma en la industrialización también trae acaparado, según remarcó CIARA-CEC, una mayor primarización en la exportaciones del complejo sojero. En este caso, el informe resaltó un fuerte aumento en los despachos de poroto soja sin procesar mientras se producían caídas en los embarques de aceite y harina de soja, subproductos responsables del grueso del ingreso de divisas al país.
De esta manera, en septiembre, mes en el que se implementó el denominado “dólar soja” y hubo un aluvión de ventas internas por parte de los productores, se exportaron 1,164 millones de toneladas de poroto, lo que representó un salto del 252% respecto a los embarques de agosto, que cerraron en 330.000 toneladas. En el mismo lapso, los despachos de aceite cayeron 28,4% hasta las 309.200 toneladas y los de harina 5% hasta los 1,580 millones de toneladas.
Retroceso en el uso de la capacidad instalada
Esta primarización y caída en la molienda tuvo sus efectos en la utilización de la capacidad instalada en la industria, que en septiembre volvió a retroceder. Según el informe, la merma de 270.000 toneladas entre septiembre y agosto “impactó en forma directa en el índice de utilización de la capacidad instalada” el cual bajó de 54% al 49% en cuestión de un mes.
“Si tomamos en cuenta el volumen de molienda trabajando a capacidad máxima, la capacidad ociosa llega al 44% y en algunas plantas supera el 55%”, indicó el trabajo, que sostuvo que esta caída en septiembre responde a la “reducción de la oferta de soja disponible por parte de los productores”.
Por otro lado, la entidad también marcó que los márgenes de molienda “siguen negativos desde enero a octubre” en un rango que va de USD 20 a USD 30 por toneladas. “Hubo un momento de márgenes positivos durante muy pocos días de septiembre, pero luego volvieron a ser negativos. La suba en el precio FOB del aceite de soja de USD 200 por tonelada entre fines de agosto y octubre fue el principal ‘factor precio’ que ayudo a la mejora de los márgenes, pero la baja del precio de la harina de soja de USD 12 por tonelada, fue un factor compensador de la mejora en el aceite”, concluyó el trabajo.



