La industria avícola argentina, cuya producción se encuentra fuertemente concentrada en un 80% en las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires, atraviesa un periodo de reafirmación sanitaria tras enfrentar desafíos epidemiológicos recientes. El resto de la actividad se distribuye estratégicamente en Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Río Negro, conformando un entramado productivo que exige una vigilancia constante para mantener su competitividad internacional.
Uno de los hitos más significativos para el sector ocurrió en abril de este año, cuando la Argentina recuperó oficialmente su estatus de país libre de Influenza Aviar Altamente Patógena (IAAP). Este logro se produce tras el primer hallazgo del virus en aves de corral registrado en febrero de 2026. Gracias a la rápida respuesta sanitaria, el país pudo reiniciar negociaciones comerciales y retomar exportaciones con destinos que exigen la condición de libre de la enfermedad.
Incluso durante los eventos sanitarios, el flujo comercial no se detuvo por completo. Mediante el uso de herramientas como la zonificación, regionalización y compartimentación, Argentina logró que diversos bloques comerciales siguieran reconociendo la seguridad de sus productos.
En la actualidad, el país mantiene acuerdos activos para el envío de mercancías aviares a más de 75 países. Asimismo, se destaca que la nación conserva su estatus de libre de la enfermedad de Newcastle (ENC), una afección altamente contagiosa que impacta tanto a aves domésticas como silvestres.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) desempeña un papel fundamental en la prevención de enfermedades como la IAAP, ENC, salmonella y micoplasma.
A través de una vigilancia epidemiológica activa en conjunto con el sector privado, se realizan muestreos serológicos programados para garantizar una detección temprana. Estas acciones de monitoreo no se limitan a la producción industrial; alcanzan a todos los eslabones de la cadena:
–Granjas comerciales (pollos parrilleros y gallinas ponedoras).
–Plantas de incubación y establecimientos de genética aviar.
–Predios de traspatio y aves de raza.
La bioseguridad: la primera barrera de defensa
Para el Senasa, el cumplimiento de la Resolución N.° 1699/2019 es innegociable. Los veterinarios oficiales inspeccionan periódicamente los establecimientos para verificar las medidas de higiene y manejo.
La bioseguridad es considerada la primera barrera de prevención contra el ingreso de agentes patógenos y es vital para evitar la diseminación de virus entre establecimientos o zonas.

Entre las recomendaciones críticas para los productores se encuentran:
–Mantenimiento de infraestructura: inspeccionar la integridad de las mallas antipájaros.
–Higiene estricta: garantizar el lavado y desinfección de vehículos, insumos e instalaciones.
–Control ambiental: eliminar zonas de agua estancada que puedan atraer aves silvestres.
–Acceso restringido: controlar rigurosamente el ingreso de personas y materiales, asegurando que el personal utilice siempre los elementos de protección adecuados.
El fortalecimiento de estas prácticas, sumado al estatus sanitario recuperado, posiciona a la avicultura argentina en una senda de crecimiento y seguridad hacia los mercados más exigentes del mundo.