El regreso de El Niño: la incertidumbre sobre su magnitud y el impacto global

Los modelos climáticos han dejado de sembrar dudas sobre la formación del fenómeno, pero ahora el debate se centra en su severidad.
Los expertos advierten que la intensidad del evento no siempre es proporcional a los daños que genera.

Tras meses de observación, la comunidad científica internacional ha llegado a un consenso: el fenómeno de El Niño (lluvias por encima de los promedios normales) es inminente. Según explica el climatólogo Leonardo De Benedictis, “durante los próximos meses se desarrollaría un evento El Niño”, fundamentando esta afirmación en que “la totalidad de los modelos dinámicos de predicción coinciden en la formación de este fenómeno, por lo que ya no hay dudas sobre el rumbo hacia una fase Niño”.

Sin embargo, a pesar de la certeza sobre su aparición, la gran incógnita reside en su fuerza. De Benedictis señala que el escenario actual es variado.

“Aproximadamente un 30 % de los pronósticos proyecta un evento entre débil y moderado; otro 30 % por un Niño fuerte a muy fuerte; mientras que cerca del 40 % restante contempla la posibilidad de un episodio extremo”, dijo De Benedictis.

Ante la dispersión de datos, el experto sostiene que, si bien el escenario no está definido, “el riesgo de un evento importante es elevado”. Uno de los puntos más críticos que destaca el especialista es la diferencia entre la medición técnica del fenómeno y sus consecuencias reales en el territorio.

De Benedictis aclara que “la intensidad se mide a partir de cuánto se desvía la temperatura superficial del mar respecto de los valores normales en el Pacífico central”, pero advierte de forma tajante: “eso no significa automáticamente que sus consecuencias serán más severas. Los impactos no son lineales y dependen también de factores regionales y locales”.

Para ejemplificar esto, recuerda los hitos de 1982/83, 1997/98 y 2015/16, períodos donde la Argentina sufrió crecidas del río Paraná e inundaciones severas en el noreste y la región central. No obstante, subraya que “hubo episodios de lluvias extremas e inundaciones durante eventos Niño de menor intensidad”, lo que refuerza la idea de que la fuerza del fenómeno no siempre dicta la magnitud del desastre.

El mundo en alerta y el desafío productivo

A escala global, el seguimiento es exhaustivo debido a los efectos contrapuestos que genera en distintas latitudes. Mientras en Sudamérica suele traer excesos hídricos, en regiones como Australia, Sudáfrica y el sudeste asiático “suelen atravesar condiciones de sequía”, lo que amenaza directamente la producción de alimentos a nivel mundial.

Leonardo De Benedictis, climatólogo.

De cara a la campaña agrícola 2026/27, el sector agropecuario se enfrenta a un entorno de alta volatilidad.

En palabras de De Benedictis, el principal reto será la capacidad de respuesta: “el desafío para el sector agropecuario será adaptarse a un contexto climático altamente variable, donde la toma de decisiones deberá apoyarse cada vez más en el monitoreo y la información meteorológica de largo plazo”.