Vitivinicultura: entre la caída del consumo y el refugio en las marcas más económicas

En la última década, el consumo per cápita pasó de 23,8 litros en 2015 a 15,7 litros (en 2025). Los datos son del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).
Las estadísticas infieren cómo el bolsillo del consumidor dicta las reglas actuales de la demanda.

Marcado por una retracción generalizada en las ventas y un cambio en el comportamiento del consumidor que prioriza el ahorro, la industria del vino en la Argentina atraviesa un momento de profunda reconfiguración.

Según los datos analizados desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el mes de febrero registró caídas en todas las categorías relevantes: los vinos varietales descendieron un 10,2 %; los espumosos un 7,9 % y sin mención varietal un 4,3 %.

En un contexto de fuerte restricción de ingresos, el mercado ha volcado su peso hacia los productos de menor valor.

Los vinos sin mención varietal se han convertido en el principal sostén del consumo, concentrando el 73,4 % del total del mercado. De hecho, en el acumulado del primer bimestre, esta es la única categoría que logra mantenerse levemente en terreno positivo (+0,6 %), lo que evidencia cómo el bolsillo del consumidor dicta las reglas actuales de la demanda.

Más allá de la coyuntura económica actual, el sector enfrenta una tendencia descendente de largo plazo. El consumo per cápita en la Argentina ha sufrido una erosión constante en la última década, pasando de 23,8 litros en 2015 a un estimado de 15,77 litros en 2025.

Esta caída se ve agravada por dos factores clave:

—Competencia creciente: el vino pierde terreno frente a otras bebidas sustitutas (incluyendo opciones sin alcohol).

—Vulnerabilidad económica: la alta elasticidad-ingreso del vino lo hace particularmente sensible a los períodos recesivos, donde deja de ser una prioridad para muchas familias.

El desafío de la rentabilidad

Para los analistas del sector, el mayor riesgo no es solo la caída del volumen, sino la consolidación de una recuperación basada exclusivamente en segmentos de bajo valor.

La caída en las categorías de mayor valor agregado —aquellas que generan más rentabilidad y prestigio— limita la capacidad de recuperación integral de la cadena productiva.

El desafío central de la industria para los próximos años será recomponer el valor promedio de comercialización y evitar que el mercado se estanque en productos de bajo precio, algo que podría comprometer seriamente la sostenibilidad y la rentabilidad de la cadena vitivinícola a largo plazo.

Fuente: CEPA