Los accionistas se desprenden de sus activos por temor a represalias gubernamentales sobre la firma del empresario sudafricano. El impacto se sintió en todos los mercados búrsatiles y crecen las sospechas de un endurecimiento de medidas fiscales sobre la industria automotriz en general.
En medio de la disputa entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y Elon Musk, el hombre más rico del planeta y un gran impulsor del republicano, las acciones de Tesla cayeron de manera récord tras que los inversionistas que en un momento se ilusionaron con el crecimiento de la firma comenzarán a temer que la administración norteamericana podía recortar todos los programas que incluyen a la firma de autos eléctricos.
En el día de ayer, la cotización de Tesla en la Bolsa de Nueva York cayó hasta un 14,26 %, lo que representa una pérdida de más de 100.000 millones de dólares en la capitalización de mercado de la compañía. El motivo de la ruptura del vínculo entre Trump y Musk fueron las declaraciones enfrentadas sobre el proyecto de ley presupuestario presentado por el gobierno y aprobado recientemente por la Cámara de Representantes. Este megaproyecto pretende extender ciertas políticas fiscales del primer mandato del presidente Trump, abarcando exenciones fiscales en áreas como las propinas y las horas extra, pero también eliminaciones de créditos fiscales que han sido fundamentales para la industria de los vehículos eléctricos en la que Tesla es un líder destacado.
Entre los puntos más críticos del proyecto de ley está la eliminación del crédito fiscal para autos eléctricos, algo que Musk no dudó en señalar como una de sus mayores preocupaciones. En un mensaje posterior, Musk dijo estar dispuesto a aceptar recortes en créditos para vehículos eléctricos siempre que los republicanos eliminaran lo que él llamó una “montaña de grasa repugnante” en el presupuesto, en referencia al gasto innecesario que, según él, está presente en el plan fiscal.
Previamente, Musk había ostentado un cargo público, en el cual rápidamente tuvo contratiempos que lo eyectaron de ese lugar. A cargo del área de Eficiencia Gubernamental, hace unas semanas había dejado el puesto sin ningún resultado positivo, pero en aparentes buenos términos. En base a eso, Trump profundizó en la discusión asegurando que había “ayudado mucho a Elon”, tanto nombrándolo en su gabinete como con ayudas fiscales y subsidios a sus empresas. Musk, en contraposición, insistió en que su contribución había sido crucial para la victoria de Trump, afirmando que, sin su apoyo financiero y logístico, el presidente habría perdido las elecciones.
La pelea entre dos de los hombres más poderosos e influyentes no sólo repercutió en las acciones de Tesla, sino en todo el ámbito político y económico que confiaba en el accionar conjunto de las dos figuras.
El impacto de esta controversia se vio reflejado no solo en las acciones de Tesla, sino también en la percepción pública de la relación entre dos figuras influyentes en el ámbito político y económico. La caída del valor de las acciones se suma a la presión sobre el resto de las empresas de Musk, las cuales según Trump sólo funcionan por la subvención del Estado norteamericano. A partir de ahora sólo queda por ver si la disputa se apaciguará o si sus visiones sobre el rol estatal y la globalización económica son irreconciliables, lo que puede tener efectos drásticos sobre la industria automotriz a escala mundial.



