Se trata de Fundición San Cayetano, una histórica empresa metalúrgica que tiene 260 empleados y exporta alrededor del 80% de su producción.
La mayor fundición de Argentina entró en concurso preventivo tras declarar un pasivo total de $34.187 millones. Se trata de Fundición San Cayetano (FSC), una histórica firma metalúrgica radicada en la localidad bonaerense de Burzaco, que cuenta con 260 empleados y exporta cerca del 80% de su producción hacia mercados internacionales.
La presentación judicial se formalizó ante el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial N°3 de Lomas de Zamora, que abrió el proceso a fines de junio. En el expediente, la compañía fijó el 18 de diciembre de 2025 como fecha de inicio de su cesación de pagos, al comenzar a incumplir compromisos vinculados a la provisión de energía.
El rojo financiero derivó rápidamente en intimaciones de distintos proveedores y entidades. La firma detalló reclamos de Metrogas por $70,2 millones, Edesur por $97,4 millones y el Banco Nación por $561,2 millones más u$s194.263, a lo que se sumaron demandas en moneda extranjera de Banco Provincia, Anatacio Overseas y Sandvik Solutions USA.
Siete décadas de historia y perfil exportador
Fundada en 1956 por Nazareno Sforzini en Tres de Febrero, la fábrica se mudó en 1979 al Parque Industrial de Almirante Brown. Con los años, pasó de elaborar piezas pesadas y máquinas a desarrollar componentes petroleros y cilindros de laminación para abastecer a la siderurgia y la minería.
Actualmente, el grueso de sus ventas va al exterior, teniendo a Estados Unidos como destino principal. En su nómina de clientes figuran gigantes como Ternium Siderar, Nucor Steel, Steel Dynamics, Cleveland-Cliffs, Glencore, Codelco y CSN, además de sostener vínculos comerciales en Europa, India y el norte de África.
En el expediente, la firma remarcó que opera como tomadora de precios internacionales, lo que le impide trasladar los aumentos de costos locales a sus valores de venta finales.
Factores detrás del colapso financiero
En su descargo, la compañía atribuyó el deterioro al esquema macroeconómico iniciado en 2024. “Desde principios del año 2024, la apertura de las importaciones y la revaluación de nuestro signo monetario, impulsadas por el actual modelo económico del país, nos llevó a una asfixia en el desarrollo de nuestra actividad”, argumentó la empresa.
A ese escenario se sumó un desplome de la demanda: uno de sus principales compradores recortó órdenes un 50%, mientras otros clientes exigieron fuertes rebajas. En paralelo, los fabricantes de China comenzaron a ofrecer productos a mitad de precio y los competidores de Brasil mantuvieron ventajas crediticias insalvables.
El encarecimiento del crédito terminó de asfixiar la operatoria cotidiana. Durante 2025, las tasas bancarias treparon a niveles de entre el 80% y 90% anual, golpeando de lleno la caja de la metalúrgica.
La rentabilidad quedó pulverizada por el costo del dinero. “El margen de utilidad es muy estrecho, rondando el 5%”, explicó la compañía.
El estrangulamiento financiero se tradujo en 185 cheques rechazados por más de $1.000 millones. Asimismo, los registros del Banco Central expusieron una deuda bancaria de $22.355 millones con crecientes niveles de mora.
Activos operativos y el reclamo por el comercio exterior
Pese a las abultadas deudas, el balance presentado al 31 de mayo de 2026 arrojó activos por $83.286 millones, integrados mayormente por bienes de uso tasados en $68.482 millones, créditos por ventas por $6.231 millones y bienes de cambio por $5.579 millones.
En cuanto al pasivo exigible, se compone de $18.512 millones con acreedores quirografarios locales, $5.539 millones por operaciones con el exterior y $7.791 millones con entidades financieras privilegiadas.
Desde la empresa recalcaron que disponen de órdenes de trabajo para operar a plena capacidad durante ocho meses sin requerir nuevos contratos. La meta es superar el concurso saneando la estructura de deuda, sin frenar el ritmo productivo de los talleres.
Ante este cuadro, la compañía solicitó medidas cautelares para resguardar su operatoria en los registros SecoExpo y SepaImpo, advirtiendo que una exclusión registral liquidaría de inmediato el canal exportador del que depende su subsistencia.



