Así lo plantea un informe de S&P Global, que proyecta un salto de 28 millones de toneladas métricas anuales a 42 millones, aunque marcado por déficit estructural cercano a los 10 millones de toneladas métricas si no se acelera la inversión en nuevos proyectos.
Un nuevo análisis de S&P Global anticipa que la demanda mundial de cobre crecerá un 50% entre 2025 y 2040, al pasar de 28 millones de toneladas métricas anuales a 42 millones, impulsada por la electrificación de la economía, la transición energética, el avance de la inteligencia artificial (IA) y el aumento del gasto en defensa. No obstante, el informe advierte que este crecimiento exponencial pondrá a prueba la capacidad minera y de reciclaje a nivel mundial de responder a los altos niveles de demanda y evitar así un déficit estructural.
Según datos de la consultora, el cobre dejó de ser solo un indicador adelantado del ciclo económico para convertirse en un insumo crítico para la infraestructura energética, digital y de seguridad global.
El informe da cuenta de cuatro factores clave que explican el fuerte crecimiento de la demanda mundial de cobre. El primero es la demanda económica estructural, impulsada por la urbanización y el aumento del consumo en países en desarrollo, que se traduce en más construcción, infraestructura eléctrica y electrodomésticos. Solo el avance del aire acondicionado podría sumar hasta 2.000 millones de nuevos equipos hacia 2040, todos intensivos en cobre.
El segundo motor es la transición energética. Los vehículos eléctricos utilizan casi tres veces más cobre que los autos tradicionales, mientras que la expansión de la energía solar y eólica —que concentró más del 90% de la nueva capacidad instalada en 2025— exige grandes volúmenes del metal tanto en generación como en redes. Según la consultora, la electrificación global demandará inversiones superiores a u$s7,5 billones en infraestructura eléctrica hacia 2040.
A estos factores se suma el impacto de la inteligencia artificial y los centros de datos, que dispararon el consumo eléctrico y de cobre a partir de 2022. La demanda asociada a data centers pasaría de 1,1 millones de toneladas en 2025 a 2,5 millones en 2040, con un fuerte impacto en Estados Unidos.
Por último, el aumento del gasto en defensa y seguridad, en un contexto de mayor tensión geopolítica, también presiona al alza la demanda. Con los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) comprometidos a elevar su presupuesto militar, S&P Global estima que el consumo de cobre en este sector se triplicará hacia 2040.
Argentina acelera su desarrollo cuprífero y gana atractivo inversor
Con reservas estimadas en torno a 90 millones de toneladas de cobre, el país se posiciona entre los principales destinos de inversión para la minería del metal rojo a nivel mundial. Existen al menos una decena de proyectos avanzados en provincias como San Juan, Catamarca, Salta y Mendoza, muchos de ellos con potencial para convertirse en productores significativos en los próximos años.
Entre los proyectos más importantes figuran Los Azules (McEwen Copper), Taca Taca (First Quantum Minerals), El Pachón y MARA (Glencore), y Vicuña (Josemaría y Filo del Sol, de BHP-Lundin), que contienen recursos por decenas de millones de toneladas de cobre combinadas. Adicionalmente, iniciativas como Proyecto San Jorge en Mendoza avanzan con marcos regulatorios que blindan sus declaraciones de impacto ambiental, y el anunciado relanzamiento de Alumbrera (Glencore) para operar desde 2028: se espera que Alumbrera produzca alrededor de 75.000 toneladas de cobre, 317.000 onzas de oro y 1.000 toneladas de molibdeno durante los cuatro años de operación.
Según análisis de BBVA Research, la materialización de estos proyectos permitiría que las exportaciones cupríferas de Argentina superen los USD$11.000 millones anuales hacia 2033, consolidando al país como un actor relevante en el escenario global.



