Inflación y lo que viene

En octubre pasado, la Argentina volvió a registrar la segunda inflación más alta de América Latina, después de Venezuela. Al cierre de esta edición el estimado anual era del 35,1%, cifra que implica una baja respecto de la medición 2019 (cuando orilló el 50%), pero una suba para 2021.

Es que según se estima, la inflación del año próximo llegará al 48,9% y en 2022 al 38,3 por ciento. Un informe de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) explicó que en octubre pasado “por primera vez desde el inicio del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), la inflación de las y los trabajadores superó el 3% mensual”.

Federico Pablo Vacalebre.

Este registro muestra una significativa aceleración respecto al 2,8% de septiembre. De este modo, la inflación acumuló un 26,5% en los primeros diez meses del año, y un 37% en los últimos 12 meses” (de octubre 2019 a octubre 2020).

Motivos de la baja

Según la UMET: “Durante la cuarentena, los tres grandes motores que tiene la inflación en nuestro país estuvieron contenidos. El tipo de cambio oficial avanzó lentamente mes a mes, ayudado por un cepo que reprimió una parte de la demanda; las negociaciones salariales entraron en pausa hasta la nueva normalidad; y las tarifas de servicios públicos estuvieron congeladas, en la búsqueda del Gobierno por evitar un mayor deterioro del poder adquisitivo y el entramado social”.

Para Federico Pablo Vacalebre, Magíster en Economía Aplicada, Magíster en Comercio Internacional, Licenciado en Administración de Empresas, Licenciado en Comercialización y Profesor en UCEMA: “En la Argentina, se vienen registrando niveles de inflación interanuales inferiores, pero preocupa el comportamiento de esta variable entorno a lo que se pueda recoger post pandemia, dada la fuerte cantidad de pesos que aún se encuentran inertes. La velocidad de circulación y la apertura serían un gran problema, en la medida que el BCRA no sea capaz de absorber el excedente monetario en la economía”.

Es que para Vacalebre la explicación de esta inflación a la baja, está determinada por la caída de la actividad económica que, en abril de este año fue del 26,4%, el nivel más bajo de nuestra historia económica (en marzo de 2002 tras la salida de la convertibilidad el derrumbe fue en torno al 16%). “Algo para destacar es la importante pérdida de puestos de trabajo que provocó la cuarentena: 20% interanual en el segundo trimestre”. Un dato que para él justifica los límites de la recomposición salarial ya que si bien existió espacio para reclamar actualizaciones hubo menos demanda.

De cara al 2021

Las consultoras privadas esperan un salto inflacionario para comienzos del próximo año ya que, según ellas, la distorsión en términos de precios relativos se siente. Ya está confirmado que las tarifas de servicios públicos aumentarán desde enero próximo.

Además, la suba de algunos precios regulados (combustibles), el cierre de las principales paritarias y la actualización de Precios Máximos impulsaron durante el último trimestre 2020 una inflación que volvió a los niveles pre pandemia.

Recuperación

De cara al año próximo, la UMET detalla que “la consolidación de la tendencia a la recuperación dependerá de lo que ocurra con la situación sanitaria, pero también de lo que pase en el frente cambiario. En este sentido, la fuerte retracción de la brecha cambiaria desde el pico del 23 de octubre y la mejora en la situación sanitaria constituyen un alivio. No obstante, para que ello sea más probable, es clave que esta reducción de la brecha se sostenga en el tiempo”.

Para Vacalebre es fundamental trabajar en el largo plazo: “Consolidar una política monetaria creíble y congruente será vital para pelear en ambos frentes: el inflacionario y el cambiario. Conjuntamente con una política fiscal y un presupuesto, que tiendan a la reducción del déficit, limpiando de distorsiones a los fundamentos de nuestra economía”.

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