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Ernesto Tornquist: historia de un visionario

¿Quién fue Ernesto Tornquist? La historia del comerciante, empresario y financista argentino, creador de una de las primeras refinerías de azúcar de Argentina, Cervecería Palermo y de Ferrum.

Ernesto Tornquist fue un comerciante, empresario y ­financista argentino nacido el 31 de diciembre de 1842 en Buenos Aires. Era hijo de don Jorge Pedro Ernesto Tornquist, comerciante norteamericano, y de doña Rosa Camusso, uruguaya.

Ernesto cursó sus primeros estudios en la Escuela de Comercio Alemana del Señor Frers, lugar donde obtuvo sus primeros conocimientos.

Ernesto Tornquist fue un comerciante, empresario y ­financista argentino.

Ernesto Tornquist y Compañía

Luego de casarse con Rosa Altgelt, comenzó a trabajar en la empresa de su suegro, Adam Altgelt, llamada Altgelt Ferver y Compañía, pero al tiempo de haberse retirado su suegro, Ernesto termina siendo el accionista mayoritario y la empresa pasa a llamarse Ernesto Tornquist y Compañía.

Con el pasar del tiempo, la empresa comenzó a diversifi­car sus actividades, dedicándose mayoritariamente a la importación de manufacturas y a la exportación de los productos provenientes del campo.

Con Tornquist al mando, la fi­rma creó una ofi­cina técnica y de representaciones extranjeras, y obtuvo grandes negociaciones en Londres, París, Berlín y Amberes, logrando divulgar por el mundo la producción argentina, lo que hizo que inversionistas de distintos países deseen invertir en el país.

Refinería Argentina, la única refinería de azúcar del país

Gracias al meteórico crecimiento de la empresa, Tornquist adquirió una gran cantidad de tierras distribuidas por toda la Argentina y comenzó su explotación. Subdividió las adquiridas en la provincia de Buenos Aires, y radicó en ellas a colonos suizos y alemanes.

Su presencia también se hizo sentir en el litoral por medio de la “Compañía de Productos Kemmerich” y el saladero “Santa Elena”, de Entre Ríos. Le interesó la industria azucarera, y en 1886, obtuvo la ley que le permitió crear en Rosario la gran “Re­finería Argentina”, con ello a la par de estimular su producción, consiguió que el país dejase de importar azúcar.

Durante un largo tiempo fue la única refi­nería nacional, otorgándole a la compañía grandes réditos económicos y llegando a re­finar más del 60% del azúcar crudo producido nacionalmente.

En 1891, rehabilitó la ­firma de “Sansinena” con su frigorífi­co “La Negra” del Riachuelo, e hizo surgir la planta de “Cuatreros” en Bahía Blanca.

En 1902, llegó a adquirir el activo y pasivo de la “Curumalál Land Co. Ltd.” paralizada a raíz de la quiebra de Eduardo Casey, en la que instaló estancias y colonias, comenzando a fraccionar cerca de 25.000 has. para el afi­ncamiento de pequeños propietarios.

Ernesto Tornquist y la fundación de Ferrum, Astilleros Berisso y cervecería Palermo

Su impulso llegó a las industrias manufactureras: Ingresó como fuerte accionista en los talleres metalúrgicos “Rezzónico, Ottonello y Cía.” (luego “Tamet”). En 1911 CIBA, empresa fundada por Ernesto Tornquist, adquiere los activos y pasivos de O. Schnaith y Cía, fábrica de artículos enlozados, galvanizados y estañados que pasaría llamarse Ferrum Industria Argentina de Metales S.A.

En el año 1907, se lanza la cerveza Palermo, fabricada por la empresa Cervecería Palermo, fundada en 1897 por Ernesto Tornquist, que en sus inicios elaboraba dos tipos de cerveza «Salvator» (negra) y «Victoria» (rubia). La cervecería Palermo fue vendida en 1913 a Otto Sebastían Bemberg, dueño de Cervecería Quilmes.

Los cambios productivos, particularmente en la región pampeana, permitieron ampliar las actividades comerciales, tanto las vinculadas con la exportación como con el abastecimiento del mercado interno.

También, algunas de sus iniciativas fueron la fundición Zamboni, los astilleros Berisso y las fábricas de oleo margarina de Seeber, la de balanzas de Bianchetti, entre tantas otras.

En el norte, sobre la base de seis ingenios formó la “Compañía Azucarera Tucumana”. Además, la industria agrícola-ganadera, la industria manufacturera y sociedades hipotecarias particulares también contaron con su estímulo y aporte.

Quienes fueron contemporáneos a Tornquist lo recordaban por tener “una increíble capacidad para los negocios” y destacaban su “espíritu práctico y emprendedor”, fusionado con su talento para forjar vínculos comerciales. Ernesto Tornquist falleció el 17 de junio de 1908 en la ciudad de Buenos Aires y hoy es recordado como una de las ­guras más relevantes en la historia empresarial argentina

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