El Ejercutivo debería pagar casi USD 1.100 millones entre el viernes y el martes próximo, pero aún no confirmó si hará ese giro a Washington, en medio de una negociación trabada.
En el marco de la renegociación de la deuda contraída en 2018 con el Fondo Monetario Internacional, el Gobierno Nacional deberá pagar la semana próxima casi 1.100 millones de dólares. En una primera partida, Argentina deberá girar a Washington los primeros 717 millones, lo que hasta el momento no fue confirmado que vaya a suceder.
Para los analistas, la falta de pago implicaría tensiones adicionales al mercado de cambios y hacia los activos financieros argentinos, ya que sería leido como una señal de alejamiento en las chances de un acuerdo en el corto o mediano plazo con el organismo. Pero, como contraparte, utilizar esa cantidad de reservas en un contexto de escasez de divisas en el Banco Central también podría acrecentar la volatilidad, ya que eso dejaría a la autoridad monetaria con mucho menos margen de intervención cambiaria.
Un incumplimiento de pago no implicaría un default inmediato en términos legales ante el Fondo, pero desencadenaría un proceso largo que podría terminar con la expulsión del país como miembro del organismo. También es cierto que el Ejecutiva ya ha aplazado pagos, amparado en que aún siguen vigentes las conversaciones con el organismo acreedor. La fecha límite sería en marzo, cuando el vencimiento alcance los 3.000 millones de dólares.
Las ventajas de acordar
Si las negociaciones conducen a buen puerto, al menos en un principio, podría alivianarse el lastre que significa para el nivel de actividad la restricción a importaciones de insumos y partes, y alejarse la economía nacional del riesgo a un nuevo “rodrigazo”, al limitarse la emisión de pesos. Una manera de visualizar qué puede suceder en caso de que Argentina llegue a una resolución favorable, es analizar los casos de países que en el último tiempo han atravesado experiencias similares: Egipto y Angola, en 2016 y 2018 respectivamente, ambos accedieron a acuerdos con facilidades extendidas, restricciones cambiarias e inflaciones moderadas. Y es para destacar que en las dos naciones mejoraron en el aspecto fiscal, así como el tipo de cambio creció por encima de la inflación, y los efectos del ajuste no conllevaron grandes consecuencias.



