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Inicio Empresas Emprendedores

Pasó de una verdulería a invertir millones en el desierto patagónico

Pablo Ríos lleva adelante un emprendimiento productivo en Río Negro, donde cultiva alfalfa para exportación, además de tener ganado y proveerse la infraestructura energética de manera propia.

Santiago Cruzzetti De Santiago Cruzzetti
22/10/2026
En Emprendedores, Río Negro
Tiempo de lectura: 6 Minutos

Un proyecto agrícola crece en el desierto patagónico, un terreno hostil donde hay que redoblar esfuerzos para lograr que las cosas salgan bien. Pablo Ríos lo sabe, y con la misma mentalidad que a sus 14 años abrió una pequeña verdulería en Córdoba, hoy asume ese reto produciendo alfalfa a gran escala para exportación.

Actualmente, al pie de la ruta nacional 250, entre General Conesa y Guardia Mitre, Ríos encabeza el desarrollo de un establecimiento de 2.800 hectáreas en pleno desierto patagónico, de las cuales 2.300 estarán bajo riego. La iniciativa combina producción de alfalfa para exportación, ganadería a gran escala e infraestructura energética propia basada en gas natural, con un esquema productivo inédito para la región.

El proyecto demandará una inversión total de 50 millones de dólares e integra riego presurizado de alta tecnología, bombeo desde el río Negro, una estación generadora a gas y una estrategia que articula producción, logística y comercio exterior. “Goteo, puerto y gas. Ese es el tridente del proyecto”, resume Ríos, quien prevé completar el desarrollo en 2027 y poner en marcha una planta de compactado de megafardos de alfalfa en General Conesa.

Si bien no tiene raíces en el mundo agrícola, si considera que su familia es de tradición comercial, lo cual lo llevó a empezar con la venta a escala de verduras, para luego pasar a la exportación de productos hortícolas.

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El punto de inflexión llegó tras la crisis de 2001, a partir del vínculo con un familiar dedicado a la horticultura en el sur de la provincia de Buenos Aires. “En 2003-2004 se nos da la posibilidad de exportar. Argentina estaba muy barata al exterior”, recuerda. La cebolla fue el primer producto y Brasil, el mercado de destino.

La escala creció con rapidez. De 11 camiones exportados en el primer año, pasó a superar los 200 al tercero, con galpón propio y acuerdos con cadenas de supermercados brasileñas. Ese proceso dejó en evidencia una limitante estructural: la falta de previsibilidad en la calidad y el cumplimiento de contratos. “Empezamos a producir porque queríamos alta calidad del producto, que no nos ofrecían los productores. A veces los precios subían y no respetaban los contratos”, explica.

En 2010 avanzó hacia la producción propia. El modelo se basó en cultivos hortícolas como cebolla, ajo y papa, con una fuerte incorporación de tecnología, especialmente en riego presurizado y, luego, riego por goteo, cuando su adopción aún era incipiente en la zona de la Corporación de Fomento del Río Colorado (Corfo).

“Fuimos los primeros en la zona con goteo. Hoy producimos entre 200 y 300 hectáreas con ese sistema y somos los más grandes en ese sistema”, señala. A ese esquema se sumaron mecanización total, automatización de galpones y selección óptica, con foco en eficiencia y estandarización de calidad.

El recorrido productivo incluyó distintas regiones, como la zona de Corfo, La Pampa y Carmen de Patagones, bajo una lógica de integración entre producción, empaque y exportación. En ese trayecto, el acceso al agua, la energía, la logística y la disponibilidad de mano de obra fueron factores determinantes, y también parte del aprendizaje que hoy se refleja en el nuevo proyecto de alfalfa en la Patagonia.

Proarca y el desafío de producir en el desierto

La actual apuesta en Río Negro de Proarco Patagonia SA, la cual preside Pablo Ríos es la síntesis de todo el reccorido: “Elegí salir de Patagones porque allá no hay energía en el lugar y en la cantidad que queremos. Acá pasa el gas, y nosotros definimos el gas como energía, no saldremos más de esa matriz”, señala. Esa ha sido la clave de la elección de Ríos, por cuanto representa un salto de eficiencia.

En el lugar elegido la infraestructura es limitada, por lo que el proyecto se diseñó para ser autosuficiente: tomará agua del río Negro mediante bombeo, la conducirá por un primer canal en el valle y luego la rebombeará para dirigirla a través de cuatro grandes cañerías hacia un segundo canal, en la meseta, al otro lado de la ruta 250. Las obras de la estación de rebombeo ya empezaron. A lo largo de ambos canales, que ya están trazados y nivelados, el agua se distribuirá con gravedad.

El segundo canal, de entre 8 y 9 kilómetros, contará con varios centros de bombeo y será el eje de distribución del riego hacia 2.300 hectáreas regadas con una combinación de pivotes centrales y goteo subterráneo. “El pivote cumple un rol germinativo y después el cultivo se expresa con goteo, que usa menos agua y produce mucho más”, explica. La clave energética está en la generación propia: motores a gas alimentados desde el caño madre del gasoducto Conesa-Viedma permitirán reducir drásticamente el costo del riego.

“La particularidad de este campo es que la energía se va a generar con gas. No hay electricidad, y hacer una línea de 50 kilómetros era inviable”, remarca. La compra directa de gas a productores, aprovechando el bajo consumo estival, es otro factor diferencial. “Nuestro consumo va a ser similar al de Viedma en un año, pero casi todo en verano, cuando el gas no se usa”, detalla.

El proyecto también aborda un desafío logístico mayor: el puerto de San Antonio Este. “Es clave que tenga volumen para que sea viable la exportación de alfalfa y la consolidación de un polo”, sostiene Ríos, convencido de que el desarrollo productivo debe ir acompañado de decisiones públicas y privadas para revitalizar la terminal portuaria. Con esa articulación, precisa, Río Negro ofrecería una ventaja competitiva que puede convertirse en un diferencial decisivo frente a otras regiones productoras.

La elección productiva no es casual. “Nuestro ADN es la exportación”, dice Ríos, que ve en la alfalfa un cultivo con estabilidad de precios, excelentes rendimientos y calidad en Río Negro y menor riesgo climático que la horticultura. La eficiencia hídrica es determinante donde la aridez reina, y por eso apuesta a algo poco común en la alfalfa: “Con goteo (y fertirriego) usamos tres veces menos agua que con un sistema de riego convencional y la productividad se dispara”.

La ganadería completa el esquema, con un planteo de escala y control del riesgo. El objetivo es desarrollar un sistema integrado de cría, recría y terminación, apoyado en la producción propia de forraje y descartando el secano como opción. “Para que un feedlot grande funcione, necesitás garantizar el ingreso de animales. Si no, terminás pagando sobreprecios y comprando animales sin la genética que uno desea”, explica. La estrategia apunta a madres semi-encerradas, recría sobre alfalfa y terminación a corral, siempre con volumen y previsibilidad.

En el primer año, cada lote arrancará con horticultura y maíz para que se estabilicen y para preparar el suelo antes de instalar el goteo subterráneo. “Entre julio y octubre, que es la siembra de papa, tendremos entre 800 y 1.000 hectáreas regadas y en producción. El año que viene completamos para llegar a 2.300”, precisa el presidente de Proarco Patagonia SA. Buena parte de esa superficie ya fue desmontada.

Luego, la rotación quedará enfocada en alfalfa y alimento para bovinos. El broche del proyecto será la planta de recompactado de megafardos de alfalfa en General Conesa, prevista para 2027, que permitirá agregar valor y reducir costos logísticos.

“Estamos hablando de una inversión total de 50 millones de dólares”, dimensiona Ríos. Una cifra que sintetiza el recorrido desde el comercio minorista hasta un proyecto exportador basado en gas, agua y tecnología.

Temas alfalfaproductores agropecuariosRío Negro

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Santiago Cruzzetti

Santiago Cruzzetti

Periodista y estudiante de Ciencias Políticas. 26 años, nacido en la ciudad de Arrecifes y rosarino por adopción.

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