Las abundantes lluvias y las temperaturas moderadas de esta primavera favorecen el desarrollo de enfermedades que amenazan la producción frutícola del Alto Valle. Investigadoras de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) recomendaron reforzar el monitoreo y la prevención en las chacras para reducir las pérdidas.
Una de las principales preocupaciones es la sarna del peral, una enfermedad que puede provocar importantes daños comerciales cuando las condiciones ambientales favorecen su desarrollo. María Cristina Sosa, investigadora del CONICET y docente de la UNCo, explicó que la humedad persistente y las temperaturas frescas generan un entorno propicio para la proliferación de patógenos.
Los estudios realizados por equipos de la universidad identificaron factores determinantes para la infección, entre ellos las horas de hoja mojada, la temperatura y la presencia previa del patógeno en cada establecimiento. La variedad William’s es la más susceptible, aunque también pueden verse afectadas Packham’s Triumph y Beurre d’Anjou.
Las investigaciones detectaron, además, infecciones tardías en la fruta durante noviembre y diciembre, así como en la etapa previa a la cosecha. Estos hallazgos aportan información para mejorar las estrategias de manejo sanitario en la región.
Otra amenaza son las podredumbres causadas por Botrytis, que pueden originarse a partir de infecciones latentes durante la caída de pétalos y el cuaje. Estas enfermedades generan pérdidas económicas durante la conservación poscosecha, especialmente en peras de las variedades Beurre d’Anjou, Beurre Bosc y Abate Fetel, además de otros frutos, como la cereza.
En los frutales de carozo también preocupa el aumento progresivo del cancro bacteriano en cerezo y de la mancha bacteriana en ciruelo. Las condiciones climáticas de esta primavera podrían favorecer nuevas infecciones y afectar la productividad.
Frente a este escenario, las especialistas destacaron la importancia de planificar los tratamientos a partir del monitoreo de cada monte frutal. La aplicación preventiva y oportuna de productos fitosanitarios permite reducir riesgos y evitar problemas asociados al uso excesivo, como la aparición de resistencias y las dificultades para cumplir con las exigencias de los mercados.
El registro de la evolución sanitaria de cada temporada también resulta clave para anticipar problemas futuros. Documentar las enfermedades detectadas y su comportamiento en cada chacra permite generar antecedentes para mejorar las decisiones productivas y preservar la calidad de la fruta.