La Argentina se encuentra ante una oportunidad histórica y un desafío ambiental sin precedentes. Según las proyecciones más recientes, el país tiene el potencial de alcanzar una producción granaria de 177,2 millones de toneladas para el año 2035.
Sin embargo, este crecimiento no es una garantía automática; para lograrlo, es imperativo consolidar un sistema productivo que sea ambientalmente sustentable, lo que implica no solo prevenir la erosión, sino atacar el deterioro progresivo de la fertilidad de los suelos.
Históricamente, el aumento en el volumen de cosecha no ha sido acompañado por una reposición adecuada de nutrientes. Los cultivos extraen minerales de la tierra año tras año y, cuando estos no se devuelven en la medida necesaria, se genera un balance negativo que compromete la productividad a largo plazo. La brecha entre la producción y la fertilización ha sido una constante en las últimas décadas.
En 2004, se estimaba que para producir 100 millones de toneladas se requerían 5 millones de toneladas de fertilizantes, pero el consumo apenas llegaba a los 2,3 millones.

Recién hacia el 2020 se empezaron a alcanzar parcialmente esos niveles de uso de fertilizantes, a pesar de que la producción ya superaba con creces los 130 millones de toneladas.
Para la campaña 2024/25, con una producción estimada de 134 millones de toneladas, los criterios de reposición sustentable indican que deberían haberse aplicado 7 millones de toneladas de fertilizantes en los seis cultivos principales.
No es solo una cuestión de cuidado ambiental
Si el país aspira a cumplir la meta de los 177,2 millones de toneladas, el incremento en el uso de insumos debe ser significativo. Las estimaciones de la Fundación Producir Conservando señalan que el consumo sustentable de fertilizantes debería escalar hasta aproximadamente los 8,9 millones de toneladas.
Preservar el recurso suelo no es solo una cuestión de cuidado ambiental, sino el sustento económico que permitirá sostener los rendimientos agrícolas del futuro.
La experiencia de los últimos veinte años demuestra que la productividad y la reposición de nutrientes deben ir de la mano para evitar una degradación irreversible de la riqueza natural de la Argentina.
Fuente: Fundación Producir Conservando.