Con más de 25 años de experiencia en la implementación de herramientas digitales, la Ing. Inf. María Luján Santos, directora de Operaciones de Albor Agro, desmitificó la idea de que el software por sí solo puede ordenar una empresa.
En el marco del panel Herramientas de gestión empresaria desarrollado en el congreso A Todo Trigo 2026, Santos sostuvo que la tecnología actúa más como un espejo que como un remedio: “Los sistemas no arreglan los problemas de la organización; en general sacan los trapitos al sol de las organizaciones y de lo que está pasando”.
Bajo la premisa de que acumular registros no garantiza el éxito, Santos fue tajante: “El dato que cierra decide; el resto es cotillón”.
Esta falta de orden estructural y de procesos claros explica una estadística alarmante compartida durante su disertación: el 70 % de los proyectos de digitalización no llegan a terminarse. Para la directiva, el núcleo del problema es la desconexión interna, donde el campo, la administración y las finanzas operan de forma aislada. “El problema es que las partes no se hablan”, afirmó, advirtiendo que “sin cierre, esos datos se convierten en ruido”.
La propuesta central de Albor Agro para superar esta fragmentación es la creación de un puente económico. Este concepto busca vincular la información productiva, contable y financiera para obtener una trazabilidad completa del negocio.
“Digitalizar hechos no alcanza si no llegan a un resultado económico, ya que el objetivo final debe ser conocer el margen, la caja y el riesgo por lote o unidad de negocio”, aseguró Santos. En su visión, la falta de agilidad para obtener estos indicadores pone al productor en una situación vulnerable: “Si no podés responder estas preguntas rápido (por el precio neto real o costo completo), estás decidiendo a ciegas”.
Eficiencia contra la burocracia: la tarjeta de cierre
Como solución práctica, Santos presentó la “tarjeta de cierre”, un método de siete pasos (decisión, unidad económica, impacto, dato, imputación, revisión y análisis) diseñado para dar propósito a cada registro.
La experta instó a los productores a ser implacables con la utilidad de la información que generan: “Si no van a mirarlo, ni lo registren. Frenen y pregúntense para qué van a querer mirar esa información”.

Finalmente, recordó que la gestión de datos no es gratuita, ya que implica un alto costo en recursos humanos y tiempo. Aunque herramientas como la inteligencia artificial pueden ayudar, el desafío sigue siendo cultural. “El principal obstáculo es humano. Es decir, el cambiar de hábitos nos cuesta, porque las que implementamos esas herramientas seguimos siendo personas”, concluyó.