La Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (Faima) ha advertido sobre la crítica situación que atraviesa la industria de transformación mecánica de la madera en el país.
Esta actividad, motor fundamental de regiones como la Patagonia, el centro, el noreste y el noroeste argentino, enfrenta un deterioro que amenaza la viabilidad económica de comunidades enteras del interior productivo.
El sector padece un fenómeno de doble impacto. Por un lado, la demanda interna se ha contraído drásticamente debido a la paralización de la obra pública y al encarecimiento de la construcción privada medida en dólares.
Por otro lado, la industria enfrenta una estructura de costos que la deja fuera de competencia frente al mercado externo.
Los salarios del sector en Argentina oscilan entre los 1.000 y 1.400 dólares mensuales, cifras que superan ampliamente los U$S 600 de Brasil o los U$S 500-600 de China, erosionando la capacidad de competir tanto local como internacionalmente.
A esto se suma un incremento tarifario del 300 % en energía durante el último semestre —muy por encima de la inflación— y el alza del combustible, insumo crítico para el transporte de materia prima en una industria con alta dispersión territorial.
El empleo, el eslabón más afectado
La crisis ya muestra consecuencias tangibles en el mercado laboral. Con cerca de 60.000 puestos directos y otros 60.000 indirectos, el sector ha registrado una caída superior al 10 % en el empleo durante los últimos 12 meses.
La combinación de ingresos en retroceso y costos en aumento ha llevado a numerosas empresas al límite de su sostenibilidad, enfrentando cierres o concursos preventivos.
El segmento de muebles y carpintería enfrenta, además, la amenaza de bienes importados que ingresan con ventajas arancelarias.

Según Faima, existe una asimetría que penaliza al productor nacional: los muebles terminados importados pagan aranceles menores que los insumos necesarios para fabricarlos localmente. En el ámbito de las viviendas, la irrupción de alternativas habitacionales de baja calidad provenientes de China, favorecidas por el tipo de cambio, está desplazando a la producción nacional de calidad.
Restricciones financieras y futuro incierto
El acceso al crédito se ha vuelto otra barrera infranqueable. Con tasas de interés reales extraordinariamente elevadas (en torno al 110 % anual frente a una inflación del 33,5 %), se ha desincentivado el consumo y se ha vuelto imposible para las PyMEs financiar su capital de trabajo.
Ante este escenario, Faima solicita a las autoridades nacionales y provinciales medidas urgentes que prioricen la recomposición del tejido industrial. Advierten que el margen de espera está “prácticamente exhausto” y que, sin una respuesta concreta, se perderá una base productiva y federal que será muy difícil y costosa de reconstruir.