Mientras que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) informó una inflación del 2,9 % para el mes de febrero, el mostrador de las carnicerías y góndolas mostró otra realidad para el bolsillo de los argentinos.
Según el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), el precio del producto icónico de la mesa de los argentinos aumentó casi un 5 % durante el mismo período en los grandes centros de consumo como el AMBA, Córdoba y Rosario.
El dato surge al observar la evolución interanual: tanto los precios de la hacienda, como el valor final de la carne al consumidor, escalaron un 70 % en el último año, una cifra que duplica la inflación anual registrada del 33 %.

La escalada de precios responde a una combinación de factores que tensionan el mercado interno. Por un lado, se registra una oferta reducida para la faena que se arrastra desde agosto del año pasado. Por otro lado, la exportación juega un rol cada vez más relevante, capturando actualmente el 30 % del negocio.
A pesar de este escenario de precios al alza, la demanda interna parece resistir y sigue dando señales de apostar al consumo de carne vacuna.
Brechas históricas con productos sustitutos
La disparidad de precios ha llevado a que la relación entre la carne vacuna y otras proteínas animales alcance niveles críticos.
En la actualidad, la brecha con el pollo es de 4 a 1; es decir, un consumidor puede comprar cuatro kilos de pollo por el precio de uno solo de carne vacuna. En el caso de la carne porcina, la relación es de 2 a 1.
Según especialistas, se trata de una de las brechas de precios más altas de los últimos años y de la historia, marcando un hito en la economía doméstica de los hogares argentinos.