Desde Pehuajó, en la provincia de Buenos Aires, ya llegaron hasta los barrios más exclusivos de la Capital y se expanden por todo el país.
Todo comenzó con un pequeño tambo ovino en la localidad bonaerense de Pehuajó, un producción poco habitual en Argentina. A partir de ahí, nació un emprendimiento que agrega valor a la materia prima y le da identidad propia, produciendo quesos a partir de leche de oveja y ahora, también helados. Con esta innovación ya abrieron locales en ciudades del interior provincial y también en la Ciudad de Buenos Aires.
El origen del proyecto se remonta a 2014, cuando Leslie Green y Silvina Agüera decidieron apostar por una alternativa poco explorada en el país. Con apenas 30 hectáreas y 100 ovejas, iniciaron un camino productivo basado en la leche ovina, convencidos de que ese insumo podía dar lugar a productos distintos a los tradicionales derivados de la leche vacuna. La decisión se apoyó tanto en antecedentes familiares como en el conocimiento de las propiedades nutricionales del producto.
Desde el inicio, el foco estuvo puesto en la producción intensiva y el agregado de valor, más que en la escala. Con el correr de los años, el establecimiento llegó a contar con entre 450 y 500 animales, aunque actualmente trabaja con alrededor de 200 ovejas de raza Pampinta, una variedad desarrollada por el INTA de Anguil, en La Pampa, pensada como animal de triple propósito: carne, lana y leche. En el caso de Familia Green, la leche se convirtió en el eje central del negocio.
El tambo ovino se terminó de montar en 2015 y permitió dar el primer paso hacia la elaboración de productos propios. En una etapa inicial, la familia comenzó a producir quesos semiduros, duros y dulce de leche ovino, con apoyo de una planta elaboradora ubicada en Trenque Lauquen. El proyecto avanzaba de manera sostenida, con llegada a comercios especializados y algunos puntos de venta en Buenos Aires.
Un hito clave llegó en 2019 con el lanzamiento de Blue Sheep, el primer queso azul de leche de oveja elaborado en la Argentina, inspirado en el estilo del Roquefort francés. Ese producto posicionó a la marca dentro de un nicho gourmet y consolidó su identidad innovadora, aunque todavía se trataba de un negocio de escala limitada.
Helados a partir de leche de oveja, todo una novedad
Si bien en Argentina eran desconocidos, sí había antecedentes en países como Inglaterra, Nueza Zelanda y Chile. Ante el escenario que presentó la pandemia, de caída de ventas en todos los rubros tradicionales, se vieron obligados a buscar una alternativa y así surgió la idea de hacer estos helados.
Uno de los puntos claves es que la leche de oveja no necesita tanta cantidad de conservantes como la de vaca, lo que hace a los productos más fáciles de digerir y le brina a los consumidores una mejor experiencia al probarlos.
La definición del precio también formó parte de la estrategia. El kilo de helado se comercializa en torno a los $22.000, un valor que la familia considera accesible dentro del segmento premium. El objetivo fue ampliar la base de consumidores y evitar que el producto quedara limitado a un público reducido.
En términos comerciales, el crecimiento llevó a replantear el modelo de venta. La idea inicial de comercializar el helado envasado a través de terceros se encontró con dificultades logísticas y de control de calidad. Frente a ese escenario, la familia optó por un esquema de venta directa, con la apertura de heladerías propias.
La primera experiencia se concretó en Tandil, en un local ubicado en una esquina histórica de fines del siglo XIX. El segundo paso llegó recientemente con la apertura de un punto de venta en Recoleta, uno de los barrios con mayor circulación y consumo gastronómico de la Ciudad de Buenos Aires. En ambos casos, la estética del local y la experiencia de compra forman parte de la propuesta de valor.
Una pyme que mantiene el carácter familiar
A pesar del crecimiento, la identidad de la pyme se mantiene y es por eso que no deja de ser un emprendimiento familiar. Además de Leslie y Silvina, los hijos más grandes ya trabajan junto a ellos, en la gestión de los nuevos locales y aportando una mirada distinta en el desarrollo de la marca y los nuevos sabores.
En total, el emprendimiento emplea de manera directa a unas 12 personas, distribuidas entre el campo, la fábrica y los locales comerciales, además del empleo indirecto que se genera en la cadena de proveedores y servicios. La familia evita hablar de una expansión acelerada y prioriza la rentabilidad, la eficiencia y el control de calidad.
La posibilidad de abrir franquicias está sobre la mesa, pero no forma parte de los planes inmediatos. La estrategia actual apunta a consolidar los puntos de venta existentes, optimizar procesos y sostener un crecimiento ordenado. En un mercado dominado por la leche de vaca, la apuesta por la leche de oveja implica también un trabajo de educación del consumidor, construcción de confianza y diferenciación.
La innovación en el agro es posible, asumiendo riesgos y agregando valor a la materia prima generando productos novedosos. Así lo demuestra Familia Green, que desde Pehuajó llegó hasta Tandil y Recoleta y planea continuar creciendo con su proyecto.



