Ediciones de la Flor, tras décadas de trayectoria, anuncio su cierre durante la Feria del Libro. El aumento de los costos, la caída del consumo y la pérdida de derechos de publicaciones entre los principales motivos.
Uno de los sellos literarios más emblemáticos de la cultura argentina anunció que este será su último año, y luego cerrará definitivamente: se trata de Ediciones de la Flor, la editorial a cargo de publicar las historietas de Mafalda, de Quino, y de Inodoro Pereyra, realizadas por el Negro Fontanarrosa, entre muchos otros personajes memorables.
En las últimas horas desde la editorial lo confirmaron oficialmente con un anuncio cargado de simbolismo: su despedida se hizo pública en el marco de la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el espacio que durante décadas fue una vidriera central para la editorial.
Allí, su actual responsable, Ana María Miler, comunicó la decisión frente a colegas, lectores y periodistas. “Es muy doloroso, pero no podemos seguir”, expresó durante su intervención, en la que también remarcó que la decisión no fue repentina sino el resultado de un proceso de desgaste. “Se hizo todo lo que se pudo”, agregó, aludiendo a los esfuerzos por mantener activa una editorial independiente en un escenario cada vez más adverso.
Miler fundó Ediciones de la Flor en 1966 junto a quien fuera su esposo, Daniel Divinsky. En ese sentido, desde ámbitos cercanos consideran que el cierre también está atravesado por la partido de su socio y compañero de vida, fallecido en 2025. “Es el final de una etapa”, sintetizó, en una frase que varios medios destacaron como definitoria del momento.
La venta de Mafalda
Entre las dificultades que señaló Miler, se encuentran la caída de las ventas, el aumento de los costos y la concentración del mercado editorial en pocas manos. Si bien el contexto es sumamente complejo, el golpe definitivo para la editorial estuvo vinculado a la pérdida de los derechos de Mafalda, vendida por decisión de los herederos de Quino a la firma global Penguin. Las publicaciones de una de las niñas más queridas de la cultura nacional lideraban las ventas del sello, y sostenían con sus márgenes de ganancias otras publicaciones de carácter independiente.
En ese marco, el anuncio en la Feria del Libro funcionó como un cierre simbólico: el mismo ámbito que durante años fue escenario de presentaciones, encuentros con lectores y celebraciones editoriales se convirtió ahora en el lugar de despedida.
Las palabras de Miler resonaron con fuerza en el mundo cultural, no solo por lo que implica el fin de Ediciones de la Flor, sino por lo que representa en términos más amplios. Su mensaje dejó planteada una preocupación compartida: el lugar cada vez más frágil de los proyectos independientes en la industria editorial argentina.



