La firma tecnológica se dedica a soluciones de Inteligencia Artificial aplicadas al agro. El fondo es Draper Cygnus, fundado por un referente mundial del venture capital, que apostó por empresas como Tesla o Coinbase en sus primeros pasos.
La startup argentina Cálice, fundada por cuatro emprendedores a fines de 2018, comenzó este año a participar en rondas de financiamiento de gran relevancia global. Esta empresa, especializada en inteligencia artificial (IA) aplicada al agro, recientemente consiguió fondos por 1,5 millones de dólares en su primera ronda de inversión, en la que participó un fondo con antecedentes de primer nivel.
La mencionada ronda fue encabezada por el fondo Draper Cygnus, entidad que tiene entre sus fundadores a Tim Draper, un referente mundial del venture capital que fue uno de los pioneros en invertir en los primeros pasos de empresas ahora consagradas como Tesla, SpaceX, Coinbase y Robinhood. Además de Draper Cygnus participaron Innventure, Xperiment Ventures, Air Capital y el australiano GrainCorp Ventures por medio de Artesian.
Tras esta capitalización, Cálice se prepara para obtener otros 500.000 de dólares adicionales en negociaciones con otros inversores extranjeros.
¿Qué es Cálice?
La startup argentina ya había recibido 750.000 dólares en una ronda de capital “pre-semilla” durante 2023, aportada por parte de “inversores ángeles” que suelen ser hombres de negocios que invierten a modo personal en empresas que están en sus primeras etapas de desarrollo y muestran un potencial de crecimiento destacado.
Cálice fue creada por los científicos argentinos Ramiro Olivera (CEO), Esteban Hernando (CSO) y Andrés Rabinovich (CTO), junto con el ingeniero y magíster en negocios Pablo Romero (COO/CFO). Este grupo de fundadores todavía lidera el management de la compañía.
Originalmente, nació como una empresa orientada a hacer edición génica de semillas de cultivos, pero el año pasado cambió de rumbo hacia un nuevo modelo de negocio: sus fundadores suprimieron el laboratorio para enfocarse de lleno en el modelo computacional con el propósito de simular ensayos a campo. “Lo hicimos porque ésta era la mayor demanda de nuestros clientes”, explicaron desde la empresa.
Así fue como en 2024 la empresa se centró en cerrar pruebas de concepto del modelado de cultivos como maíz, cebada, trigo, arroz y soja, en conjunto con otras compañías de Argentina y del exterior. Luego de estas validaciones, que demostraron con resultados concretos la efectividad de la tecnología, la startup se permite proyectar que cerrará contratos por 800.000 dólares a lo largo de 2025.
Cómo fue la transformación de Cálice
La historia de esta startup indica que los fondos iniciales fueron utilizados para montar un laboratorio en el campus de la Universidad Nacional de San Martín (UNSam). Esto estuvo acompañado de un equipo de trabajo basado en el diseño de software y asesorado por expertos en biología molecular.
En la actualidad, Cálice cuenta con dos sedes: una está en la ciudad de Buenos Aires y la otra en San Francisco, Estados Unidos. Ahora, sin la tarea de laboratorio, la empresa se volcó de lleno a la vertical agtech: armó un equipo de quince personas dedicadas a la transformación de la agricultura a través de la digitalización de ensayos a campo con el fin de acelerar el desarrollo de cultivos y productos biológicos.
En este marco, los emprendedores idearon Nodes, una plataforma de ensayos de campo virtuales, que utiliza IA y el modelado computacional para el desarrollo de cultivos y productos biológicos.
Para lograr esto sin la necesidad de realizar pruebas extensivas en el campo, incorporaron una metodología de simulaciones avanzadas que permite evaluar el comportamiento de nuevas variedades en distintos ambientes, optimizar estrategias de cruzamiento, analizar tolerancia a enfermedades y predecir la efectividad de bioinoculantes y biofertilizantes, previo a su implementación en condiciones reales.
“El principal beneficio de esta innovación es que disminuye los tiempos y los costos de validación de nuevas soluciones agrícolas, al posibilitarles a las empresas reemplazar parte de los ensayos físicos con simulaciones precisas y replicables”, detallan para explicar las razones de la reconversión.
“Esto no sólo acelera la llegada de nuevos productos al mercado, sino que también minimiza la incertidumbre y el impacto ambiental de los ensayos tradicionales”, añaden.
Según los cálculos de Cálice, de esta forma podrían reducirse hasta un 80 % las necesidades de ensayos a campo y hasta 50 % los tiempos de desarrollo.



