Bonos Verdes: el gran valor de invertir en proyectos sustentables


La Secretaría de Medio Ambiente del estado de Amapá multó con 50 millones de reales (casi 10 millones de dólares) a la empresa minera Mina Tucano, subsidiaria de Great Panther, por la contaminación de dos arroyos por cianuro de mercurio.

La realización de la COP26 dejó resoluciones claras acerca de la importancia de los “Green Bonds”, también conocidos como Bonos Verdes o Valores Sociales, Verdes y Sustentables (SVS). Los mismos funcionan como instrumentos de compensación ambiental, y no han parado de crecer desde su primera aparición hace más de una década. Si bien queda mucho camino por recorrer, su tendencia al alza demuestra que los incentivos positivos son esenciales para girar hacia la productividad sustentable.

La reciente cumbre climática, que tuvo lugar en Glasgow, recibió más de una crítica por parte de los especialistas, y hoy nos hace preguntar si será suficiente el esfuerzo realizado. Es verdad que, bajo la imperiosa necesidad de generar cambios concretos, la mirada pesimista puede ganar lugar. Sin embargo, desde una perspectiva más optimista como la que aquí se propone, hay quienes ven en los Bonos Verdes una oportunidad para fortalecer la inversión en proyectos sustentables con resultados positivos. Y efectivamente, más allá de las opiniones, es un hecho evidente que ganan cada vez más terreno en los mercados internacionales.

La Asociación Internacional de Mercado de Capitales (ICMA) define a los Bonos Verdes como instrumentos financieros que permiten recaudar fondos a ser aplicados, exclusivamente, a financiar en parte o en su totalidad proyectos que sean nuevos o existentes con el potencial de producir efectos ambientales positivos. El Banco Mundial fue una de las primeras entidades en emitir este tipo de valores hace ya más de 14 años. El objetivo de unir proyectos ambientales sin financiación con inversores interesados en efectuar cambios fue el disparador de este tipo de instrumentos, siendo aprobados en Argentina unos meses atrás.

Según El Cronista, en América latina, en 2020 se emitieron u$s 19.000.000 en Bonos Verdes, Sociales, Sustentables, frente a los u$s 6.300.000 de 2019. Y en Argentina, las últimas cifras oficiales revelan que se emitieron siete Bonos Verdes, por un valor mayor a los $10.000.000. Los datos demuestran que Latinoamérica se redirecciona hacia la aplicación de estos instrumentos financieros, en concordancia con las tendencias mundiales.

En Argentina, la Comisión Nacional de Valores (CNV) aprobó la metodología de evaluación de Bonos Verdes presentada por la UNTREF en mayo de 2021, y sostiene que el desarrollo de las finanzas sostenibles es “un eje fundamental para el desarrollo del mercado de capitales con bases sólidas en la sostenibilidad”. Como dato de color, la provincia de Misiones ha sentado un precedente más que interesante siendo la única provincia en tener representación autónoma en la COP26 de Glasgow, y que, a la vez, será la primera en vender bonos como parte de financiamiento de su presupuesto.

En la misma cumbre, Estados Unidos se comprometió a invertir más de u$s 500.000.000 en este tipo de valores en los próximos años. Así lo afirmó Janet Yellen, secretaria del Tesoro del país americano, quien además reconoció la importancia de coordinar esfuerzos entre el sector público y privado para combatir el cambio climático y sus consecuencias. “Hacer frente a este desafío requerirá la transformación total de nuestras economías intensivas en carbono”, afirmó la funcionaria.

Dentro del proceso de emisión de un “Green Bond Principal” se deben considerar el uso de los fondos que contempla el bono, el proceso de evaluación y selección de proyectos que serán financiados por este, y la gestión de los fondos y la presentación de informes de trabajo. La ampliación de energías renovables, la prevención y control de la contaminación, y la conservación de la biodiversidad son algunos de los tantos proyectos que pueden considerarse como elegibles para ser financiados por los Bonos Verdes.

La realidad de los mercados refleja una tendencia al crecimiento importante, sentando mayores expectativas para los próximos años. En este contexto, será clave analizar el rol de las entidades financieras privadas y los incentivos estatales que se pueden brindar para ampliar la oferta de emisores y, en consecuencia, la competitividad en el mercado. Otro de los factores que será clave para fortalecer este mercado financiero en el país, es la accesibilidad de las PYMES a este tipo de financiamiento. Pues son ellas las que configuran la columna vertebral de la economía nacional, y pueden desempeñar un rol determinante en el proceso de transformación hacia un sistema productivo sustentable.

Aquí se ha destacado el uso positivo de los Bonos Verdes como herramienta de compensación ambiental y desarrollo sustentable. De todas maneras, es necesario resaltar que la verdadera transformación no requiere sólo de financiamiento, sino que debe formar parte de un plan integral que contemple los aspectos esenciales a la transformación económica sustentable.

La pandemia del COVID-19 ha dejado en evidencia la cuantiosa brecha entre países desarrollados y emergentes, y se atina a decir que tal vez este tipo de herramientas financieras pueden contribuir al fortalecimiento de las economías que atraviesan los desafíos más grandes en la actualidad.

Los Bonos Verdes no serán la única solución, eso es evidente. Pero se constituyen como una herramienta útil para trabajar sobre los lineamientos de trabajo propuestos por la COP26. Claramente con posibilidad a ser mejorados y diversificados, aunque con resultados medibles que arrojan la balanza hacia un lado favorable. En una realidad tan compleja y diversa, con requerimientos tan urgentes, los Bonos Verdes configuran una oportunidad para continuar transformando las economías actuales hacia unas dónde invertir en naturaleza y sustentabilidad sea cada vez más rentable.

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