La demanda internacional, sumada a la tendencia global hacia la alimentación saludable y fenómenos de consumo como el llamado “chocolate Dubái”, ha logrado que la producción de pistacho mantenga un aumento sostenido en la siembra de hectáreas con ventas anticipadas y apostando a ser el nuevo generador de divisas para el país.
En el marco del día internacional del pistacho, celebrado cada 26 de febrero, se pone de relieve la producción de cultivo de un fruto seco que no para de crecer y que en Argentina ha ganado gran popularidad en los últimos años gracias al crecimiento en la demanda y el aumento en los precios internacionales.
Los centros de producción de pistacho de mayor importancia en Argentina se encuentran en las provincias de San Juan y Mendoza, ya que cuentan con condiciones agroclimáticas ideales para el fruto. En menor medida está La Pampa, San Luis y Catamarca, que también pretenden sumarse a una tendencia que busca aprovechar el crecimiento global de la demanda.
Según fuentes oficiales en los últimos cinco años la superficie implantada en el país creció un 500%, especialmente en el sudeste de San Juan, que concentra el 87% de las hectáreas totales dedicadas a pistacho, y el norte de Mendoza. En todo el país hay unas 7.000 hectáreas implantadas, pero se espera llegar rápidamente a las 10.000 hectáreas.
Actualmente, el 90% de la producción mundial está concentrada en solo tres países: Estados Unidos (con California como la región estrella, que aporta el 40% al volumen global), Irán (30%) y Turquía. Estos gigantes enfrentan hoy techos productivos por la escasez hídrica y la saturación de suelos. Según proyecciones del USDA y el International Nut Council, para el año 2040 se estima una brecha de 250.000 toneladas entre la oferta y la demanda, un déficit estructural que garantiza la firmeza de los precios y convierte al fruto en un activo de baja volatilidad.
En ese contexto, donde la demanda de este nuevo producto crece a un ritmo promedio del 6,5% anual, con un impulso adicional registrado durante 2025 y la oferta sigue siendo limitada, la Argentina se perfila como nuevo polo productivo.
El pistacho se distingue por su bajo riesgo productivo, una vida útil superior a los 50 años y rendimientos promedio cercanos a los 3.500 kilos por hectárea en plena madurez, con picos que pueden superar los 6.000 kilos en campañas favorables. Estas características explican el creciente interés que despierta no solo como alimento en auge, sino también como inversión productiva de largo plazo.
Mucho más que un fruto seco
Además de su perfil gastronómico y su versatilidad en distintas preparaciones, el pistacho gana reconocimiento por su aporte nutricional y su impacto positivo en la salud, sustentado por evidencia científica y por investigaciones de centros académicos de referencia a nivel mundial.
El consumo de este fruto seco aporta una importante cantidad de proteínas vegetales de alta calidad, grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, fibra, vitaminas B6, K, E, B1 y minerales como potasio, magnesio, fósforo, hierro, zinc y cobre. Además, su perfil antioxidante incluye polifenoles, luteína y zeaxantina, carotenoides esenciales para la protección celular y la salud ocular.
Por otro lado, distintas investigaciones demostraron que el consumo regular de pistachos favorece el control del colesterol, la salud arterial y control de la glucosa, al tratarse de un alimento con índice glucémico bajo.



