Tras los anuncios realizados por el Gobierno nacional, mediante los cuales se pretendía abaratar el precio de los teléfonos móviles, se desató una crisis en el mercado de memorias electrónicas que anula el efecto de la quita de impuestos.
Recientemente el Gobierno nacional adoptó una medida orientada a reductir los aranceles sobre productos electrónicos, tendiente a bajar el precio de, entre otros, los teléfonos celulares. Ahora, ese objetivo se encuentra en riesgo, debido a causas que traspasan las áreas de influencia del Estado argentino.
Es que, según relatan especialistas en la industria de la telefonía móvil, el impacto positivo de la baja de aranceles será casi completamente absorbido por una turbulencia de precios que tiene su origen en el mercado global de insumos.
Más precisamente, la crisis se origina en los precios de las memorias, específicamente las DRAM y NAND, consideradas componentes centrales e irremplazables en la fabricación de dispositivos móviles. Estos insumos, cruciales para el almacenamiento y el rendimiento de los smartphones, han experimentado un aumento explosivo en sus costos.
El fenómeno está directamente ligado al boom global de la inteligencia artificial (IA). La inversión masiva y la creciente demanda de infraestructura necesaria para sostener las nuevas tecnologías de IA dispararon la escasez y el valor de estos chips.
En consecuencia, el alivio fiscal implementado a nivel nacional se verá amortiguado por el encarecimiento de la materia prima. Si bien la reducción de aranceles es una medida que técnicamente debería resultar en precios más bajos, la presión alcista del mercado internacional sobre los componentes esenciales se impondrá, frustrando la expectativa de una caída sustancial en el costo final de la telefonía celular para los usuarios.
Celulares, notebooks y consolas de videojuegos utilizan las mismas memorias que demanda la IA
La demanda global vinculada a la inteligencia artificial (de compañías como NVIDIA y fabricantes de infraestructura como Western Digital) está acaparando DRAM y 3D NAND, imprescindibles para los centros de datos donde se entrenan modelos de IA. Esta competencia por la misma memoria que utilizan celulares, notebooks y consolas ha disparado los precios: un chip DDR5 de 16 GB pasó de 6,84 dólares en septiembre a 27,2 dólares en diciembre, con picos de hasta 37 dólares.
Samsung y SK Hynix, dos de los mayores productores mundiales, anticiparon aumentos de hasta 30% para el último trimestre de 2025. La demanda, de momento, avanza a un ritmo mucho más veloz del que la oferta puede cubrir.
En Argentina, algunas marcas ya aplicaron descuentos parciales por la baja de aranceles, pero el incremento del costo de las memorias neutraliza cualquier rebaja significativa. Las fábricas de Tierra del Fuego negocian nuevas escalas de precios para modelos de 64 GB, 128 GB y 256 GB, cuyos valores dependen casi por completo del mercado internacional.
La tendencia se proyecta para todo 2026: fabricantes internos y extranjeros anticipan que la presión sobre los precios de celulares, notebooks, consolas y SSD continuará. Incluso, algunos analistas advierten que podría tratarse de la mayor crisis de memoria en 30 años.
La industria busca alternativas, como potenciar el almacenamiento en la nube para reducir la dependencia de memorias físicas, aunque esto implicaría costos adicionales para los usuarios y un cambio en los hábitos de consumo. Por ahora, la conclusión es clara: aun con la baja de aranceles, el precio de los celulares difícilmente verá reducciones reales en Argentina durante los próximos meses.



