Luego de que se desatara la polémica por la compra de caños a la firma india Welspun, otra licitación por llevarse a cabo vuelve a poner en el centro del debate las prioridades que debe asumir el Estado argentino.
Luego de que Techint sufriera una derrota contra el holding indio Welspun en la licitación de Southern Energy, donde la firma de Paolo Rocca denunció dumping, las polémicas parece que van a continuar estando en agenda ante nuevas obras que se van a llevar a cabo.
En el horizonte del sector energético aparece ahora la construcción del denominado gasoducto más grande del país, una pieza de ingeniería central dentro del proyecto Argentina LNG que lidera YPF. El horizonte previsto para la licitación de esta infraestructura es en marzo próximo.
Con una inversión global estimada en 30.000 millones de dólares, la obra despierta la ambición de proveedores de China e India, entre otros jugadores globales que miran más detenidamente el desarrollo energético del país y su apertura económica, lo que anticipa un cruce de precios que podría desplazar nuevamente a la industria local de los proyectos estratégicos del país.
El proyecto integral de licuefacción del que participan los socios internacionales de YPF, la italiana ENI y la emiratí Adnoc, podría sumar otro gigante global que ocupe el lugar de Shell, y conformar un proyecto único que potencie la sinergia y pueda avanzar con un gasoducto dedicado de 48 pulgadas, algo inédito hasta hoy en el país por la magnitud.
Más de 500 kilómetros
Para este proyecto de YPF, se analiza un tendido de aproximadamente 500 kilómetros de tuberías con una capacidad de transporte de entre 75 y 100 millones de metros cúbicos diarios, es decir, el equivalente a toda la producción actual de Neuquén.
Esta obra se complementará con un oleoducto paralelo con capacidad de unos 100.000 barriles de crudo diarios, que serán parte de la producción asociada al gas natural para darle volumen a la ecuación económica y que, por lo tanto, no se derivarán por el Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) que compartirá similar traza.
Pero, además, se construirá un poliducto de 36 pulgadas cuya traza podría derivar hacia Bahía Blanca, dedicado al transporte de los denominados líquidos del gas natural, un insumo esencial para la producción de derivados de exportación de alta demanda internacional como el butano, el propano y la gasolina, lo que acrecienta el retorno económico de la iniciativa.
Se estima que el proyecto definitivo debería darse tras el cierre de acuerdos de los socios en febrero. Para ello, YPF ya se encuentra convocando proveedores para las futuras licitaciones que se deberán estructurar, con el objetivo de alcanzar las primeras exportaciones significativas hacia 2030.
El presidente de YPF Horacio Marín, semanas atrás ratificó que su prioridad es la competitividad del gas argentino. Si para lograr un precio por BTU (unidad de medida del gas) que compita con los niveles de Qatar o Estados Unidos debe optar por insumos de Asia, la petrolera no dudará en hacerlo. Esto coloca a Techint frente a la necesidad de reconfigurar sus márgenes para no quedar fuera de la obra que definirá el futuro energético de la Argentina.
Guerra entre gigantes de la industria
La situación está generando una división de opiniones, y al menos lo esta haciendo entre dos megacorporaciones nacionales. Por un lado, Techint con Paolo Rocca y el CEO de Tenaris, Andrea Previtali, a la cabeza evalúan presentar ante las autoridades competentes un caso de dumping que permita investigar la licitación de Southern, para lo que aseguran allegados a la empresa seria evitar el daño a la producción local y el empleo asociado.
Por otro, Alejandro Bulgheroni Jr, con el peso del apellido, escribió en redes sociales que “Argentina pasó de tener un mercado híper regulado a uno que empieza a regirse por las reglas de la libre competencia. Donde antes había un mercado cerrado e hiperproteccionista, regido por presiones y precios inflados que siempre alguien terminaba pagando, hoy empieza a imponerse otra lógica: eficiencia de costos, márgenes razonables y disposición real a competir con el mundo”.
“El Estado está cambiando. Los privados también deben hacerlo”, dijo Bulgheroni Jr, integrante de la familia que es una de las accionistas principales del grupo nacional Pan American Energy, la cabeza del consorcio Southern Energy que lleva adelante el proyecto de exportación de GNL junto a sus socios Golar, YPF, Pampa Energía y Harbour Energy.
El presidente argentino, Javier Milei, no se quedó afuera del debate y fiel a su estilo publicó un mensaje en X con el título “La nueva Argentina”, en el que apuntó contra periodistas, economistas y políticos, hablando de la industria del acero y los prejuicios que causa la apertura.
En ese mismo mensaje, Milei apuntó de manera directa contra Paolo Rocca, al cuestionar a quienes salen “en defensa de Don Chatarrín de los tubitos caros”, en una alusión explícita al CEO del grupo Techint.
Techint y Tenaris apuntan al dumping
Sobre la provisión de tubos indios con chapa china para el gas argentino de Vaca Muerta, fuentes vinculadas a Techint, explicaron que Tenaris es el principal fabricante de tubos de acero con y sin costura del mundo, para lo cual cuenta con plantas productivas en 17 países y más de 26.000 empleados a nivel global.
En Argentina, TenarisSiat emplea a 420 personas y, por cada empleado de la compañía, se estima que hay otros 4 empleos asociados en su cadena de valor. “En condiciones de competencia leal, la oferta de Tenaris para el proyecto FLNG de Southern Energy es competitiva con el precio internacional”, aseveraron las fuentes, al asegurar que la diferencia que circuló del 40% entre la que resultó ganadora y la de Tenaris “es falsa”.
Por el contrario, explican que, contra una oferta realizada a precios de dumping, Tenaris ofreció, en una carta enviada al directorio del SESA, “igualar las condiciones comerciales de la oferta alternativa” con el objetivo de “preservar la operación industrial a largo plazo”.
Para Techint, el RIGI en sus considerandos establece entre sus objetivos principales “fomentar el desarrollo de las cadenas de producción locales asociadas a los proyectos de inversión”; sin embargo, con este proyecto va a ocurrir todo lo contrario. Con ingresos fiscales que cede el Estado nacional, se financia el trabajo en la India y China”.
Por el contrario, se agregó, las empresas argentinas “aún trabajan en un entorno poco competitivo con impuestos distorsivos como el impuesto al cheque (nacional), ingresos brutos (provinciales) y tasas municipales (locales)”.



