En Argentina, donde el sector de la construcción significa el 40 % del consumo total de energía, representantes de la industria proponen el etiquetado energético en las viviendas como una manera de evaluar rápidamente las alternativas constructivas para disminuir el consumo.
El Grupo de Instituciones por el Etiquetado Energético de Viviendas, integrado por el Argentina Green Building Council, la Asociación Nacional de Industrias de Materiales Aislantes y el Instituto de la Construcción en Seco, está trabajando junto con la Secretaría de Energía de la Nación en la difusión del etiquetado, que será la forma en la que se construirá en el futuro, según interpretan.
La provincia de Santa Fe ya tiene una ley que establece los requisitos para realizarla. Río Negro, Mendoza, Entre Ríos y Tucumán también cuenta con leyes, todavía no reglamentadas, y hay dos proyectos nacionales que servirían de marco para que las demás provincias puedan adherirse.

Más Industrias conversó con Francisco Pedrazzi, integrante del Grupo, sobre el impacto que esta medida puede tener sobre los sectores de la construcción e inmobiliario y los beneficios que puede traer a la economía de nuestro país.
¿Cuál es el impacto que el etiquetado de viviendas podría tener en el ahorro energético de la Argentina?
El trabajo que presentó el ingeniero Roque Stagnitta en el congreso “Etiquetado energético en la vivienda, una decisión impostergable”, demuestra claramente que le conviene más a la Argentina invertir en mejorar la eficiencia energética que importar gas (*). Aún en el caso de que los recursos que tenemos alcancen, siempre va a ser preferible disponer de un excedente para exportar gas durante los años de la transición energética hasta que todo sea energía renovable.
¿De qué manera están impactando estos cambios en los desarrolladores inmobiliarios?
Cada vez más. Ya hay muchos emprendimientos en los cuales los carteles de obra indican la etiqueta de eficiencia energética de los departamentos que se van a vender. Esto impacta directamente en el proceso de venta. Ya los desarrolladores están tomando conciencia de que es mucho más fácil, entre comillas, vender un departamento que tiene etiqueta B o A que uno que tiene G porque va a implicar un menor consumo para el usuario final. Falta todavía crear conciencia en el usuario final. Creo que ese es el gran desafío que tenemos los que trabajamos en el sector.
¿Esto puede influir en el costo de la construcción o en el precio de venta de las viviendas?
Muy poco. No son costos significativamente más altos que construir de una forma ineficiente. Y además, con los valores actuales del costo de energía y las tendencias futuras, el mayor costo que pudiera tener se repaga en un período muy corto de 3, 4 años. A partir de ahí, comienza a ahorrarse en las facturas de electricidad y gas.

¿El sector está preparado para estos cambios o hay cierta resistencia todavía?
Resistencia no hay. Creo que hay falta de conocimiento por parte de los constructores. Los proyectistas, los arquitectos todavía no conocen bien lo que es el etiquetado y cómo los puede ayudar. Ofrecerles esa ventaja a sus clientes puede tener un ahorro en las facturas. También hay que crear conciencia sobre el impacto ambiental porque implica un ahorro directo en las emisiones de dióxido de carbono. Hay que recordar que la Argentina firmó la neutralidad cero en carbono para el año 2050, con lo cual tenemos que trabajar en ese sentido.
(*) El costo promedio ponderado de importación de gas licuado por barco en 2022 fue de USD 28/MBTU mientras que el precio equivalente de gas ahorrado nunca supera los USD 10/MBTU para viviendas unifamiliares, según el informe.



