Referentes hablan de “la mejor temporada de los últimos 20 o 30 años”. Los turistas, dicen, están “comprensivos, relajados y con buena disposición” a gastar en platos más elaborados.
Si bien el verano pasado no fue malo en materia de afluencia a los destinos turísticos de la costa atlántica, el sector gastronómico sufrió mucho las consecuencias de las restricciones impuestas por la pandemia del Covid-19.
La falta de dinero en los bolsillos, el distanciamiento social, la imposición de aforos del 50% y el temor de la gente a contagiarse hicieron que y, al final de la temporada, dueños de bares, confiterías, cervecerías y restaurantes, entre otros comercios del rubro, terminaran haciendo un balance para el olvido.
Este año, afortunadamente, la suerte parece estar cambiando. La masiva afluencia que están registrando los destinos de la costa bonaerense -y Monte Hermoso en particular- también está repercutiendo de forma positiva en el número de cubiertos que facturan cada noche, lo que alienta la expectativa de un muy buen verano para el sector.
“En septiembre ya veíamos que esta iba a ser una muy buena temporada, y eso se está confirmando en los hechos. Estamos a inicios de enero, hay muchísima gente en el balneario y con un poder adquisitivo importante, lo que muestran al consumir”, contó el empresario David Quintana, dueño de un restaurante céntrico.
“Si el covid nos lo permite y seguimos así, va a ser una de las mejores temporadas de los últimos 20 o 30 años”, añadió.
Andrea Cariac, referente de otro local gastronómico céntrico, dijo que desde los primeros días de enero están trabajando “con muy buena afluencia y, lo que es importante, sin altibajos”.
“Creo que eso es lo más relevante: que todos los días trabajamos muy bien”, sostuvo la empresaria, quien mencionó que en el sector hay “mucha conciencia” en cuanto al respeto de las normas de higiene y prevención.
Cariac resaltó que los turistas “respetan los protocolos, están comprensivos y relajados”, y sobre todo están mostrando una buena disposición al gasto.
Como ella, todos los consultados señalaron que este verano “no tiene nada que ver” con el anterior.
Los veraneantes -explican- ya no prefieren disfrutar de las playas y luego encerrarse en sus casas o departamentos para almorzar o cenar, sino que aprovechan la noche y se sientan a disfrutar de un buen plato o una cerveza tirada en familia o con amigos.
Para todos los gustos y bolsillos
Una pizza puede costar desde 800 a 1.300 pesos, aunque la mayoría no supera los 950 a 1.000; una pinta de cerveza artesanal fresca, entre 300 y 400; una hamburguesa puede costar entre 600 y 900 pesos, dependiendo de cuál se trate y qué tenga como ingredientes. La porción grande de papas fritas con salsa (acá depende del paladar de cada uno) cuesta alrededor de 600 pesos.
Más aún: un plato de rabas puede valer de 900 a 1.300 pesos (el tamaño de las porciones varía mucho de un negocio al otro); uno de cornalitos frescos, 950 pesos; langostinos rebozados, desde 1.500 pesos; y una ensalada entre 700 y 750 (las más caras se elaboran con ingredientes a elección del cliente).
En cuanto a las bebidas para desayunar o merendar, un café parte de los 150 pesos y de ahí puede subir hasta los 450, dependiendo de la variedad; una gaseosa o agua saborizada, arriba de los 200; mientras que los licuados o milkshakes van desde los 400 a los 500.
Para las milanesas, ya sean de pollo, de ternera, napolitana, suiza, en sándwich, con papas españolas o fritas, hay que pensar en valores superiores a los 800 pesos. Un lomo al plato puede alcanzar los 1.500.o
Las pastas, en tanto, varían entre los 700 y 1.500 pesos, según el tipo, relleno y salsa elegida. Las más caras son las que se elaboran con mariscos.
Otra buena opción son los pescados, entre los cuales hay algunos muy ricos y económicos. Por ejemplo, un buen filet de merluza con papas parte de los 900 pesos, mientras que uno de lenguado ronda los 1.100.
Como corresponde, un plato elaborado ya tiene otros valores. Por ejemplo, y a manera de precios orientativos, una bondiola de cerdo con una excelente guarnición parte de los 1.500 pesos; una paella, desde 2.400; un plato con salmón, arriba de los 2 mil; una cazuela de mariscos para compartir, más de 6 mil; y una picada de mariscos (también para dos personas o más), cerca de 5 mil.
Por supuesto, estos valores son aproximados y dependen de cada establecimiento gastronómico. Además, como siempre, cada uno de ellos ofrece distintas promociones del día, que pueden incluir plato principal y bebida o postre.



