El INDEC mostró un descenso en la actividad económica entre abril y junio. Los principales factores del deterioro son la caída del consumo y la inversión.
La economía argentina registró una contracción durante el segundo trimestre de 2026. Según los datos difundidos por el INDEC, el Producto Bruto Interno (PBI) bajó 0,6% entre abril y junio respecto de los tres meses anteriores, luego de haber crecido 0,7% en el primer trimestre.
El retroceso estuvo principalmente relacionado con un menor nivel de consumo y de inversión. El consumo privado cayó 2,4% frente al trimestre anterior, mientras que el gasto público se redujo 2,3%. La inversión, por su parte, tuvo una baja de 0,8%.
A pesar de la caída trimestral, la comparación con el mismo período del año pasado todavía mostró un crecimiento de la economía del 2%. Además, durante la primera mitad de 2026, el PBI acumuló una expansión del 2,2% interanual.
El consumo y la inversión, entre los principales retrocesos
El comportamiento del consumo privado marcó un cambio respecto de los períodos anteriores. La caída del 2,4% registrada entre abril y junio convirtió a este componente en uno de los principales factores detrás del retroceso de la actividad.
En la comparación interanual, sin embargo, el consumo privado todavía mostró una mejora del 0,4%. El consumo público tuvo un desempeño diferente y cayó 4,1% frente al segundo trimestre de 2025.
La inversión fue uno de los datos más débiles. En términos interanuales, disminuyó 11,1%. Dentro de este grupo, la compra de maquinaria y equipos cayó 15,2%, mientras que el equipamiento destinado al transporte tuvo una reducción del 22,1%.
En contraste, las exportaciones aumentaron 13,7% respecto del mismo período de 2025. El crecimiento de las ventas al exterior permitió compensar parcialmente la menor actividad vinculada al mercado interno.
Agro y minería sostuvieron la actividad
El resultado general también mostró diferencias importantes entre los distintos sectores de la economía.
Mientras la industria manufacturera registró una caída interanual del 2,1%, la construcción prácticamente no tuvo variaciones, con una suba de apenas 0,2%. El comercio también permaneció prácticamente estable.
El mayor crecimiento se concentró en actividades vinculadas con el sector primario y los recursos naturales. La pesca tuvo una expansión del 44,7% interanual, seguida por la explotación de minas y canteras, que aumentó 16,4%. La actividad agropecuaria, en tanto, creció 6,9%.
Otros sectores también tuvieron resultados positivos. La producción de electricidad, gas y agua aumentó 5%, mientras que la intermediación financiera avanzó 4,8%.
En el otro extremo, la administración pública cayó 1,4% y las actividades de servicios comunitarios registraron una baja del 0,9%.
De esta manera, el crecimiento interanual de la economía estuvo sostenido principalmente por las actividades vinculadas con las exportaciones y los recursos naturales, mientras que varios sectores relacionados con el consumo interno mostraron un desempeño más débil.
Qué esperan para los próximos meses
Los primeros datos disponibles para el tercer trimestre todavía muestran un escenario de cautela. Si bien el dato oficial de actividad económica correspondiente a julio será publicado por el INDEC el 24 de septiembre, algunas estimaciones privadas anticipan una nueva caída mensual.
Las proyecciones relevadas ubican el retroceso de julio entre 0,5% y 1,1%. Una de las estimaciones, elaborada por EcoGo, calcula una baja del 0,8%, con retrocesos en sectores como el comercio, la industria, la construcción y el agro.
Para el conjunto del tercer trimestre, las expectativas son algo más favorables. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de agosto, elaborado por el Banco Central, proyectó una recuperación de 1,1% durante ese período y de 1,3% para el cuarto trimestre.
Sin embargo, las previsiones para todo 2026 fueron corregidas a la baja. Mientras en junio los analistas esperaban un crecimiento anual del 3%, la estimación pasó al 2,7% en julio y finalmente al 2,1% en agosto.
El escenario plantea así un segundo semestre en el que la evolución del consumo y la inversión será clave para determinar si la caída registrada entre abril y junio representa un retroceso transitorio o si tendrá un impacto más prolongado sobre la actividad económica.



